Grandes Batallas: Jafa (1192)

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Reinos Cruzados

En el año 1094 el Papa Urbano I Hizo un llamado a los reinos cristianos de Europa para que se lanzaran a la conquista de la Tierra Santa, pues las peregrinaciones de cristianos a este territorio habían comenzado a volverse más y más difíciles. Como resultado, comenzó la Primera Cruzada y se creó el Reino Cristiano de Jerusalén.

Pero los musulmanes que habían gobernado esta región por siglos, no se rendirían tan fácilmente. Tanto el Reino de Jerusalén como los demás reinos cristianos que surgieron en este territorio tuvieron que vérselas desde el principio con una generalizada oposición árabe que los llevó a una situación de guerra permanente e hizo muy difícil mantener su estabilidad y su gobierno. Por esta razón los reyes cruzados, como los reyes europeos, eran reyes guerreros.

Y quizás el mejor ejemplo de su valentía lo encontramos en la desesperada defensa que Ricardo Corazón de León hizo en el año 1192 contra el ejército musulmán comandado por Saladino, durante la batalla para reconquistar la ciudad de Jafa.

Ricardo Corazón de León y la Conquista de Jerusalén

Ricardo Corazón de León era rey de Inglaterra cuando respondió a los llamados de la Iglesia y se enmarcó en la 3ª Cruzada. El objetivo de esta cruzada era recuperar Jerusalén, que había sido capturada por tropas musulmanas al mando de Saladino, quizás el más legendario de los comandantes y gobernantes sarracenos.

Tras algunas victorias importantes, el Ejército Cruzado comenzó su marcha a Jerusalén. Aunque la ciudad estaba muy mal defendida y la moral de sus habitantes estaba por el suelo, Ricardo pronto se dio cuenta de que capturarla no era práctico, pues era imposible defenderla de un asedio musulmán. Por esta razón, el comandante cruzado optó por retirarse a la ciudad de Jafa, en donde comenzó a organizar la mejor manera de defender los reinos cristianos.

Ricardo Corazón de León

Jafa Era una ciudad costera desde la que Ricardo había dirigido las operaciones para conquistar Jerusalén. Sin embargo, en este momento la ciudad se encontraba poco defendida pues el grueso del ejército se hallaba en campo abierto. Por esta razón, Saladino encontró la oportunidad perfecta para dañar las operaciones enemigas y de inmediato atacó y saqueó la ciudad. Los cristianos, pese a su esfuerzo y resistencia, fueron derrotados y únicamente quedaron algunos cruzados en la ciudadela interior, desde donde enviaron de urgencia un mensaje a Ricardo.

Y fue así como él tomó las tropas que pudo conseguir en el momento y marchó a Jafa a brindar ayuda a sus aliados en peligro.

54 caballeros, algunos centenares de hombres de armas y unos dos mil ballesteros genoveses fueron todo lo que el Cruzado pudo llevar a Jafa, a enfrentarse con entre 7 y 10 mil soldados de caballería sarracenos. Pero era forzoso evitar a toda costa la caída de la ciudad.

La Batalla de Jafa

Bueno, de ser sinceros, la Batalla de Jafa tuvo en verdad dos etapas, de las cuales únicamente nos interesa la segunda.

La primera fue breve: los soldados cruzados comandados por Ricardo lograron entrar a Jafa y, con el apoyo de los cruzados en la Ciudadela y la población local, derrotar a los musulmanes. La caballería ligera de los musulmanes, sin embargo, era mucho más rápida, y pudo retirarse con facilidad sufriendo relativamente pocas bajas.

Esta era una característica de los conflictos en este periodo. Los cruzados estaban mucho mejor armados, con armaduras, caballos acorazados y poderosas espadas que destruían inmediatamente a los sarracenos… si los alcanzaban. Pero los sarracenos (como llamaban en este periodo a los musulmanes) eran mucho más móviles y estaban mejor vestidos para enfrentar el duro clima desértico de la región.

Por esta razón, Saladino se encontró con su ejército en retirada, pero sus tropas estaban mayormente intactas. La batalla estaba perdida, pero los soldados vivían para combatir otro día.

Y en este contexto comenzó de inmediato a organizar un contraataque que tomara por sorpresa a los cruzados.

El liderazgo de Ricardo

El 5 de agosto de 1192 un ballestero que se encontraba en las afueras del campamento cruzado se encontró de frente con el ejército sarraceno.

De inmediato, el ballestero corrió a alertar a los cruzados, pero el enemigo estaba tan cerca que ya no había tiempo de hacer nada. A medio vestir, los cruzados tomaron sus escudos y lanzas y formaron una muralla con ballesteros disparando desde la retaguardia. El súbito ataque también los separó de sus monturas, evitando que pudiesen buscarlas para contraatacar.

Ricardo, como siempre, dirigía el ejército desde el frente. En su momento, estuvo con menos de 20 de sus hombres de armas resistiendo las cargas sarracenas, pero su pared de lanzas (y los ballesteros disparando tras ella) fue suficiente para evitar la catástrofe. Sin embargo, la situación era desesperada.

Entretanto, más hombres de armas llegaban a fortalecer la posición, y no pasó mucho tiempo antes de que estuvieran seguros. Pero seguían en medio de una lluvia de flechas, inmóviles bajo el sol ardiente, y sin caballos no podían contraatacar.

Y fue aquí cuando alguien, como caído del cielo, logró llegar al campo… con unos 17 caballos. Ni siquiera eran los caballos de guerra de los caballeros, sino animales más pequeños, usados para transportar carga. Pero con eso bastaría.

Ricardo de inmediato tomó su armadura y a sus más leales caballeros (incluyendo al Conde de Leicester) y organizó su carga. Ahora, ¿recuerdan cuando hablamos de cómo los soldados europeos estaban mucho mejor armados? Pues sus armaduras eran casi incólumes a las flechas y cimitarras sarracenas, y la única manera de derrotarlos era tumbarlos del caballo. Y en el desorden de la batalla, esto fue algo que los sarracenos no pudieron hacer.

Y sorprendentemente, estos 17 caballeros pudieron romper las líneas de caballería ligera y causar bastantes daños, volviendo a la ayuda de sus compañeros cuando caían del caballo. Según se cuenta, el propio Conde de Leicester cayo y fue Ricardo en persona quien corrió a su ayuda.

Cuando sus propios hombres (en la muralla de lanzas) comenzaron a retirarse, creyendo que el Rey había caído en batalla, fue Ricardo en persona quien corrió a motivarlos, garantizando así su victoria. Y así, la combinación entre hombres de armas y ballesteros saliendo de la ciudad, con caballeros golpeando los flancos, obligó a la retirada sarracena.

Y esto compró algo más de vida a los reinos cruzados, que caerían definitivamente unas décadas más adelante.

Bibliografía:

  1. https://www.quora.com/Was-it-common-for-a-military-commander-to-fight-in-the-front-lines-during-the-Classical-Medieval-era/answer/Helena-Schrader-1v
  2. https://en.wikipedia.org/wiki/Battle_of_Jaffa_(1192)

Imágenes: 1: defendingcrusaderkingdoms.blogspot.com, 2 y 3: wikipedia.org

Grandes Batallas: Jafa (1192)
11 junio, 2019

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