Giordano Bruno, el Mártir de la Ciencia que desafió a la Inquisición

Historia, Personajes de la historia

Toda la Tierra es Patria para un Filósofo

Giordano Bruno

Orígenes

Eran tiempos oscuros. La Iglesia Católica, otrora guardiana del conocimiento clásico y gestora de prácticamente todos los avances científicos europeos durante la Edad Media, se había convertido lentamente en una institución rígida, en la que difícilmente se permitía el disentimiento. Aunque todavía tenía mucha influencia, y seguía siendo líder en muchos aspectos filosóficos y teológicos, esta decadencia sería en parte culpable de su pérdida de hegemonía con los importantes cismas luterano, calvinista y anglicano.

Giordano Bruno nació en este periodo. Durante el cisma luterano la Iglesia, antes que darse cuenta de sus errores y comenzar un proceso de reforma, se afianzó más en su dogmatismo y comenzó la llamada Contrarreforma, un periodo que nos dejaría grandes obras musicales, artísticas y arquitectónicas, pero cuya impronta en las ciencias y la filosofía no sería nada revolucionaria.

Hijo de Nápoles, Giordano nació en 1548 en la ciudad de Nola (lo que llevaría a que se le conociese como El Nolano en tiempos posteriores). Estudió en el Reino desde sus 10 años, e ingresó a la Orden de los Dominicos (en la que permanecería hasta su muerte) en 1565: aquel mismo día cambiaría su nombre, Felipe, por el de Giordano.

Se dice que ya desde su primer periodo en la Orden comenzó a mostrar un disgusto por algunos aspectos de la Iglesia. Por ejemplo: retiró todos los cuadros de santos y de la Virgen de su celda, dejando únicamente un crucifico. Pese a que fue juzgado por protestante (algo bastante grave en este periodo, pocas décadas después de la rebelión de Lutero), salió libre y pudo continuar con sus estudios. En 1575 se ordenó como sacerdote.

Sus primeros enfrentamientos con la Iglesia

La que pudo ser una pacífica carrera como sacerdote se vio truncada por la incesante curiosidad de Giordano, que ya desde sus primeros tiempos comenzó a leer libros prohibidos por la Iglesia, desde Erasmo de Rotterdam hasta Copérnico, quien había dicho tiempo hacía que la Tierra no era (y no tenía por qué ser) el centro del Universo en torno a la que todo gira.

Su carácter impetuoso lo llevó a discutir de manera abierta muchos de estos temas con sus compañeros, algo que como es lógico era una jugada bastante arriesgada. Por esta razón, tras su juicio de 1575 decidiría huir de Roma y visitar las ciudades más importantes de la región (Venecia, Padua, Génova, Turín) antes de viajar al norte.

En 1581 llegaría a Paris, ciudad en la que el poder de la Iglesia no estaba tan extendido y en el que recibió una calurosa bienvenida por parte de importantes grupos de filósofos. Libre por fin, se dedicó a organizar disertaciones que, según se cuenta atrajeron al mismo Rey Enrique II.

El Monarca no podía (como es lógico) apoyar abiertamente sus ideas heréticas, pero esto no le impidió enviarle varias misivas en las que mencionaba sus opiniones al respecto y en las que le recomendaba que viajara a Londres, ciudad en donde la Inquisición no tenía poder alguno y, por lo tanto, en la que estaría a salvo. Giordano tomó buena nota de su recomendación.

Las ideas heréticas de Giordano

Sería en Inglaterra en donde comenzara su carrera como filósofo y en donde desarrollara la mayor parte de sus ideas, esas que luego le costarían la vida.

Originalmente, Giordano fue un asiduo defensor del pensamiento copernicano, llevándolo al extremo de afirmar que cada una de las estrellas del firmamento eran un sol como el nuestro, con sus propios planetas y ¿por qué no?, sus propias sociedades adorando a quién sabe qué dioses desconocidos.

Así mismo, Giordano consideraba que el Sol era mucho más grande que la Tierra y que esta no era estática, sino que giraba sobre su eje generando así la ilusión de un sol que sale por el este y se pone en el oeste. Solía usar la analogía de una piedra lanzada desde la punta de un mástil que cae junto al barco aunque este se siga moviendo porque este es su marco de referencia.

En 1591, luego de vivir en Londres, París (de nuevo) y varias ciudades alemanas, Giordano recibió la tentadora propuesta de Giovanno Mocenigo, un noble veneciano que le ofrecía protección y mostraba interés por sus ideas. A cargo de Moncenigo, Giordano podría enseñar sus ideas y mejorar sustancialmente no solo su estatus, sino su influencia.

La captura

Todo era una trampa. En mayo de 1592 Giordano decidió volver a Frankfurt para revisar la impresión de uno de sus libros, y Monecigo le solicitó que se quedara un día más. Al día siguiente entró a su cuarto con representantes de la Inquisición, institución para la que llevaba años trabajando. Sería él quien testificara en su contra en la Corte, diciendo sus teorías pero también mentiras manifiestas, como que se burlaba de los sacerdotes de manera constante, o verdades a medias, como que decía que Jesús era un Mago y no el Hijo de Dios.

En manos de la Inquisición Veneciana todavía había algo de esperanza para el filósofo, que sabía bien que esta no era tan estricta como la romana. Pero cuando quedó en manos de la Inquisición Romana, todo estaba perdido.

En efecto, fue condenado a muerte “sin derramamiento de sangre”, es decir, a la Hoguera. Al oír su condena, afirmó:

El miedo que sentís al imponerme esta sentencia tal vez sea mayor que el que siento yo al aceptarla

Al estar en la Hoguera, un padre le ofreció un crucifijo. Giordano retiró el rostro.

Fuente de imágenes: 1: wikipedia.org, 2: nationalgeographic.com.es, 3: biografiasyvidas.com

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