¿Es posible la paz? Una aproximación a la sociedad más pacífica de la Historia.

Historia

La Guerra en la Historia

La guerra es tan antigua como el hombre mismo. Desde tiempos antiguos las sociedades tribales se han enfrentado, a veces de manera terriblemente sangrienta, por el control de los recursos (ríos, fuentes de obsidiana o piedra de alta calidad, cotos de cacería, entre otros) de los cuales depende la supervivencia de la tribu. Incluso las tribus más pacíficas encontradas en América por los europeos normalmente se involucraban en guerras con tribus enemigas, las cuales podían perfectamente cobrar casi la totalidad de vidas de uno de los ejércitos. Así mismo, era común el sacrificio humano y la esclavitud como maneras de destruir espiritualmente al enemigo y de aprovechar las victorias.

De acuerdo con los antropólogos, las primeras sociedades de cazadores – recolectores evitaban la guerra gracias a sus bajas densidades de población y altos niveles de mortalidad por enfermedades, animales salvajes o causas naturales. Una vez que el hombre fue capaz de dominar mejor su medio ambiente, sus números aumentaron y los choques entre sociedades empezaron a hacerse más comunes. Desde el mesolítico existen evidencias de guerra a gran escala, la más antigua de las cuales se remonta al año 12.000 a. C. aproximadamente, en la frontera Egipto – sudanesa.

Una vez el hombre se volvió el dueño del mundo no tuvo otro enemigo más que sí mismo. Desde Australia hasta América, pasando por las lejanas islas de Oceanía, eran contadas las sociedades encontradas en la era de los descubrimientos que no tuvieran un componente importante de violencia en su cultura. Mesoamérica, por ejemplo, se caracterizaba por las guerras a gran escala pensadas para capturar hombres que luego serían sacrificados, y en Oceanía las tribus de una isla – y a veces, de diferentes islas – mantenían conflictos entre sí. Las únicas excepciones, lamentablemente poco documentadas, son las de islas pequeñas, donde no podía vivir más que una tribu con vínculos familiares, y que por alguna razón habían olvidado o perdido la capacidad de viajar por el océano. Evitar conflictos en una gran familia (una tribu) es sencillo, pero en una sociedad compleja pareciera que estamos condenados a mantener matándonos los unos a los otros.

Y no se trata solo de la documentación de los exploradores. Todas las sociedades complejas aprendieron pronto a representar en las paredes, en la piedra o incluso (más adelante) en el papiro y el pergamino las cosas importantes de su sociedad y en todas aparece, invariablemente, la guerra. Desde los antiguos egipcios hasta la china de la dinastía Xia, la guerra era parte importante de la vida y la razón de ser de la clase nobiliaria, quien tenía derecho a portar las armas.

Dije que todas las sociedades complejas representan la guerra. Bueno, esto no es del todo preciso. Hay una sociedad particular, la primera en toda la historia europea, que a pesar de habernos dejado evidencias muy ricas de su cultura no tiene representación de la guerra en sus murales o su cerámica. Me refiero a la civilización de la Creta Minoica, que floreció en esta isla entre los años 2000 a. C. y 1450 a. C. aproximadamente. Si bien existen innumerables leyendas de ciudades escondidas, de reinos secretos o de razas perdidas que vivían en paz, la única de la cual existen pruebas concluyentes es de esta peculiar sociedad cretense.

Pruebas de la paz y de la guerra

Por supuesto, la representación no basta para determinar si la guerra existía o no en esta isla. Sin embargo, perviven muchas otras pruebas de que en verdad existía lo que los estudiosos denominan una Pax Minoica al interior de esta peculiar civilización.

Las murallas y las armas minoicas

En primer lugar, la Creta Minoica, al contrario de las civilizaciones del lejano oriente, del subcontinente indio o de Mesopotamia, presenta muy pocos (si algún) centros amurallados, los cuales normalmente indican la presencia de conflictos importantes entre las distintas regiones pobladas de la isla. Algunos estudiosos afirman que esto no prueba nada por sí mismo, pues sociedades extremadamente violentas, como los Mayas, presentaban centros urbanos con poca o ninguna protección. El antiguo Egipto también presentaba más bien pocas fortificaciones, debido a que no existían nómadas que amenazaran las poblaciones (como sí los había en China o Mesopotamia).

Esta no es la única evidencia que respalda la teoría de la Pax Minoica. Las armas (que sí existían) en la sociedad minoica estaban muy mal preparadas para un combate real entre dos personas, y sus usos representados en los frescos era siempre por razones simbólicas o rituales, jamás en combates reales. Aunque aún existe debate sobre la posibilidad de usarlas en una eventual batalla, lo cierto es que las pruebas apuntan a un uso ritual y, quizás, como herramientas para cortar carne y otros objetos.

Ausencia de un ejército

No existen evidencias arqueológicas ni de ningún tipo sobre la existencia de un ejército minoico, ni siquiera de uno pequeño. Anteriormente referí el caso de islas pequeñas que generaban sociedades familiares pacíficas aisladas del resto del mundo. Pues bien, Creta no era una isla pequeña ni estaba aislada del mundo. Era hogar de experimentados comerciantes y se registran emisarios del reino insular en el antiguo Egipto, en la isla de Chipre, en la costa levantina (lo que hoy es Israel, Líbano, Palestina, Jordán y Siria) y tan lejos como en la Península de Anatolia, hogar de los míticos Hititas. Incluso, la influencia minoica fue determinante en la construcción y desarrollo de las ciudades de Canaán.

Y al contrario que con los demás pueblos marinos (incluyendo los fenicios y los griegos, que vendrían poco después) no existe ningún tipo de colonización minoica de los territorios fuera de su isla. Parece ser que los Minoicos sencillamente carecían de interés en la expansión o colonización, quizás para evitar los conflictos con otras sociedades.

Los académicos siguen debatiendo sobre la veracidad de esta Pax Minoica, pero lo cierto es que a pesar de la abundancia de fuentes de esta sociedad, no existen pruebas concluyentes de violencia más allá del deporte y de los combates rituales. Esto convierte a la Creta Minoica en única entre todas las sociedades del mundo.

La caída de la Creta Minoica

Nada en la tierra es eterno. Eventualmente, esta enigmática sociedad sin ejércitos y con mujeres que caminaban con los senos al aire (pues tenían vestidos diseñados especialmente para ello) terminó por caer. La razón de su caída se debió, parece ser, a la erupción del volcán de la isla de Thera, el cual habría destruido muchos asentamientos y dejado esta civilización en un estado vulnerable. El golpe de gracia lo habría dado la invasión de los reyes de la Grecia Micénica, los cuales, al contrario que sus contrapartes cretenses, eran expertos en el arte de la guerra y mantenían combatiendo entre sí

En un irónico giro del destino, la sociedad más pacífica de la humanidad habría perecido precisamente por su pacifismo, por su incapacidad de recurrir a la violencia cuando era necesario. Quizás sea esa la razón de nuestra naturaleza violenta. Quizás Creta no sea sino la última expresión de muchas sociedades pacíficas que florecieron en el pasado, pero fueron aniquiladas por enemigos más violentos y mejor preparados.

Creería que hasta la modernidad nuestra naturaleza tiende a la violencia, pero es imposible dejar de un lado la esperanza de que algún día superemos esta etapa. ¿Qué opinan ustedes? ¿Hay esperanza para la humanidad, o habremos de perecer por culpa de la guerra?

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