Enfermades olvidadas resucitan en antiguas tumbas siberianas

Medicina Plagas y Enfermedades

La viruela no es una enfermedad que queramos volver a ver

Permafrost

En las regiones del norte se encuentran vastos territorios helados. Desde miles de años atrás, cuando los glaciares ocuparon gran parte de América del Norte y Eurasia, las tierras de Siberia y Canadá han estado permanentemente congeladas, manteniendo sólo una ligera capa en deshielo (apenas suficiente para algo de musgo). A esta tierra helada se le denomina el Permafrost.

En la actualidad, el permafrost es uno de los dolientes más importantes del deshielo causado por el aumento en las temperaturas del globo. Esto, que a primera vista no suena mal (representa más áreas de cultivo y para los densos bosques del norte) puede representar varios peligros para la humanidad… peligros de los que sólo nos hemos hecho conscientes hace relativamente poco.

Bacterias heladas

Ya hablamos en el artículo Criogenia Microscópica sobre el hallazgo de bacterias heladas en la fría tundra siberiana. En esta ocasión se trataba de bacterias depredadoras de paramecios que no representaban ningún peligro para los seres humanos.

Pero en aquel artículo también mencionamos la preocupante posibilidad de que algunas bacterias antiguas permanezcan con vida y pongan en riesgo a las poblaciones que tras siglos perdieron toda inmunidad. Pues bien, esto parece estar ocurriendo, precisamente, en Siberia.

De acuerdo con el portal Siberian News expertos del Centro de Virología y Biotecnología de Novosibirsk fueron convocados de emergencia a la remota región de Salekhard, una ciudad ubicada en el círculo ártico. La razón: los cementerios habían sufrido dramáticos procesos de erosión que estaban dejando al descubierto cuerpos enfermos de una cepa particularmente virulenta de viruela.

La viruela fue controlada y erradicada de la Tierra, pero por eso mismo en la actualidad prácticamente nadie tiene inmunidad. Incluso en los países con mejor sanidad es impensable lo que una epidemia podría generar, y en regiones en las que no existen herramientas de control la situación podría llegar a la hecatombe. Recordemos los millones de muertos en América a causa de las enfermedades allá en los siglos XV y XVI y pensemos por un momento qué pasaría si viviéramos un episodio de estos. Por más que estemos mejor preparados, una epidemia podría llevarnos a la catástrofe.

La epidemia de viruela en cuestión que asoló la región helada ocurrió en 1890. Los especialistas no han encontrado ningún virus que sobreviva las heladas – por ahora – pero si han hallado restos del ADN de la viruela en la tierra en torno al cementerio. Esto podría ser de hecho algo positivo – podría brindar inmunidad parcial a quienes entren en contacto con él, si tienen algo de suerte – pero nos indica que el peligro siempre acecha.

Ante la posibilidad de nuevas epidemias – que pronto podrían alcanzar una escala global – tenemos que estar preparados y prevenir la aparición allí donde sea posible.

Imagen: mysteriousuniverse.org

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