El problema de las abejas: la muerte de las colmenas y la desaparición de la humanidad.

Ciencia, Desastres

Si alguna catástrofe destruyera todas las abejas de nuestro planeta, alrededor de 10000 especies de plantas desaparecerían y el hombre se ubicaría en el umbral de la desaparición (1962, La Ciudad de las Abejas).

Consecuencias inesperadas de la tecnología

A medida que avanza la tecnología y que la humanidad se vuelve capaz de más y más hazañas, suele olvidar que existe un mundo afuera y que aún depende completamente de él. La naturaleza a menudo se deja de lado en la toma de decisiones, pero esto puede resultar fatídico si, al hacerlo, sacrificamos nuestra propia posibilidad de sobrevivir.

Esto, precisamente, es lo que parece estar sucediendo con las abejas. Nuestra dependencia de ellas es mucho mayor de lo que normalmente se piensa, pues realizan un proceso de polinización que nos garantiza nuestro sustento y permite completar el ciclo de los cultivos. Sin las abejas, la producción agrícola se reduciría hasta en un 90% en el caso de algunos cultivos, y si bien en general el número se ubicaría en torno al 30% o 40%, es una cantidad importante que podría aumentar dramáticamente los precios de los alimentos y poner en peligro a la misma humanidad.

La muerte de las colmenas

Primeras advertencias

Todo comenzó en el año 2006 cuando en Estados Unidos los apicultores declararon que entre el 30% y el 60% de sus panales habían muerto durante el invierno. Es normal que algunos panales perezcan en este periodo, pero la cantidad era inmensamente superior a la de años anteriores. Además, muchos panales aparentemente sanos veían como sus abejas abandonaban el nido para nunca más volver, un comportamiento a todas luces inusitado y que tenía como consecuencia la muerte del panal. Este comportamiento dio en llamarse Desorden del Colapso de la Colonia (CCD por sus siglas en inglés), y se han invertido más de 20 millones de dólares solo en los Estados Unidos para descubrir cuál es su causa.

En conjunto, Estados Unidos tiene hoy menos de la mitad de panales que tenía en 1940, mientras que el Reino Unido e Italia han perdido entre el 30 y el 50% de sus panales en 4 años. En el invierno de 2012 alrededor del 50% de los panales suizos también cayeron víctimas de esta enfermedad. Si bien no se sabe exactamente que sucede, la situación es a todas luces dramática.

La búsqueda de una causa

Los estudios realizados a lo largo de los últimos 9 años presentan distintas conclusiones, pero la mayoría está de acuerdo en que se trata de una combinación de pérdida de capacidad inmunológica (y mayor vulnerabilidad a parásitos como Nosema o Varroa), de incapacidad de sostenerse en el invierno por cambios en la dieta y de vulnerabilidad a los insecticidas.

El primero de estos puntos, la capacidad inmunológica vendría dada por la mayor vulnerabilidad de las colmenas a parásitos que afectan el comportamiento de las abejas. Esto seguramente tiene que ver con los químicos usados en la agricultura, pero también con el hecho de que durante años se controló a estos parásitos con pesticidas y ello pudo disminuir la capacidad inmunológica de las abejas. En el caso particular del parásito Varroa se cree que puede actuar como vector del virus que causa la enfermedad (algo semejante al mosquito y la malaria), y a que tras su descubrimiento en 1987 Monsanto, Dow Bayer y otras industrias rápidamente se encargaron de producir insecticidas y herbicidas modificados que no solo lesionaron las abejas al debilitar su sistema inmune, sino que afectaban directamente su estructura estomacal haciéndolas más vulnerables a bacterias y otras infecciones.

¿Quién es el culpable?

Así mismo, la ausencia de cultivos variados en los campos – pues la mayoría de cultivos florecen en el mismo momento y por lo tanto no brindan alimento constante al panal – y la alimentación de las abejas con Jarabe de Maíz (en lugar de néctar) podría llevar a que no tuvieran alimento suficientemente nutricional para sostenerse en el invierno, lo que explicaría las misteriosas muertes a partir del año 2006. En el primer caso podría citarse el ejemplo de la transición de cultivos de alfalfa y tréboles a maíz para jarabe privó a las abejas de una importante (y nutritiva) parte de su alimentación, mientras que el consumo de jarabe llevaría a la producción de una miel de menor calidad, que no garantiza el desarrollo inmunológico adecuado de las larvas de abeja. Otro problema es la mayor concentración de los cultivos, pues ahora resulta problemático que las abejas tienen a su disposición una inmensa cantidad de néctar por unas semanas y ausencia de alimento el resto del año.

Por último, el uso de nuevos agroquímicos (incluyendo insecticidas y fungicidas) podría afectar gravemente la salud de los panales. Algunos estudios en Alemania culpan a los neonicotinoides (desarrollados en los 90’s), y su prohibición en la Unión Europea parece haber dado algún alivio a los panales. Solo en Wilsonville, Oregon (Estados Unidos) los nenicotinoides se consideran culpables de la muerte de más de 25000 abejas en un lapso de una semana, algo fatal para los apicultores y, por supuesto, para los panales. Pero los científicos advierten que el problema no es monocausal y que prohibir un agroquímico no va a hacer la diferencia. De acuerdo con los estudios, se encontraron restos de más de 35 pesticidas diferentes en el polen que las abejas consumen, y cualquiera de ellos, o sus combinaciones, podrían ser culpables del CCD.

Algunas teorías alternativas culpan a la radiación electromagnética creada por las nuevas comunicaciones, pero han sido desestimadas por estudios más profundos sobre el problema. Lo único que las autoridades son capaces de solicitar a los apicultores es que mantengan sus panales en la mejor condición posible para evitar el estrés y garantizar que incluso en la eventualidad de un episodio masivo de CCD, la mayoría de ellos logren sobrevivir. Entretanto, las poblaciones de abejas siguen descendiendo, aunque a ritmos más lentos que los de los dramáticos años 2006 – 2012.

¿Debemos preocuparnos?

Las consecuencias de este proceso podrían ser catastróficas para la humanidad. Estados Unidos y Europa se caracterizan por una muy eficiente producción agrícola que abastece sus propias necesidades y las de algunas otras regiones en el mundo. La destrucción de los panales llevaría a un aumento desmesurado de los precios agrícolas en estos países y, por lo tanto, en el mundo, empujando a las poblaciones vulnerables al borde de la subsistencia o condenándolas a morir. Las abejas son nuestras compañeras y las necesitamos para sobrevivir, las causas de su desaparición deben encontrarse rápidamente o nuestro modo de vida podría estar en peligro.

Fuente imagen 1: img.irtve.es

Fuente imagen 2: ecologiafacil.com

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