El poder de las palabras y el experimento del Dr. Emoto

Ciencia, Estudios y experimentos

De ser verdad, los descubrimientos del Dr. Emoto son verdaderamente revolucionarios

Sólo palabras

En los últimos años hemos visto un auge impresionante en los temas vinculados a la neurolingüística y al poder de las actitudes, palabras y gestos en el día a día. Más importante, han aparecido numerosos autores que afirman que la palabra tiene un poder incomprensible, profundo, que entraña los hilos mismos que sostienen el universo.

Estas creencias suelen asociar las palabras con energías,  que pueden ser positivas y negativas, y afirman que estas energías gobiernan – nos guste o no – los destinos de nuestra vida. Es por ello que es fundamental mantener una actitud positiva y cuidar nuestro lenguaje.

De la mano con esto está una perspectiva mucho más “terrena”, por así decirlo, que dice – con razón – que las palabras incorrectas bien pueden arruinar la vida de una persona y que el Internet, entre otro factores de la modernidad, ha hecho que muchos olviden la empatía y se comporten como si la integridad del otro no importara más.

En ambos casos, sea porque las palabras sencillamente hieren o porque llevan consigo las cargas emocionales de quienes las lanzan, se entiende que tienen un poder. Pero, ¿es éste metafísico o netamente social? ¿Qué ocurre si me comporto de manera agresiva con, por decir, una taza de arroz?

El Experimento del Dr. Emoto

Arroz

Era esto precisamente lo que quería averiguar el Dr. Masaru Emoto, un profesional en Relaciones Internaciones y empresario japonés. Para ello, precisamente, decidió hacer una serie de experimentos con tazas de arroz cocido y, concienzudamente, dedicarles a cada una su frase especial diaria.

El experimento era bastante sencillo: se tomaba arroz, se colocaba en una jarra con agua y se seleccionaba el papel de esta jarra. Había 3 jarras, una a la que se trataría de manera dulce, una que sería constantemente atacada y una con la que no se haría nada. Esta última era la jarra de control.

Por un mes, Emoto se dedicó a repetir frases a las jarras. Unas eran amables y llevaban buenos mensajes (“¡qué bien te ves hoy!”). Otras estaban llenas de odio y molestia (“das asco”). Como es lógico, las frases estaban direccionadas a cada una de las jarras (tratando de sentir la emoción correspondiente que y un mes después comenzaban a mostrar diferencias.

Y estas, por cierto, eran espectaculares.

Las jarras de indiferencia y odio mostraban un estado verdaderamente lamentable: el arroz se había llenado de hongos y presentaba un olor hediondo. La jarra “positiva”, por su parte, se había fermentado ligeramente, generando un olor agradable y sin destruir los granos, que seguían flotando en un agua ligeramente más espesa. Las palabras, concluyó Emoto, tienen verdadero poder.

Un experimento casero en el que es evidente la diferencia entre las tres jarras

Agua

El arroz no es el único ni el más célebre de sus experimentos. Emoto saltó a la fama por sus análisis de los efectos de las palabras en la formación de cristales de hielo: la dinámica fue semejante, hablarle bien o mal a más de 100 discos de petri llenos de agua y luego congelarlos para evaluar los resultados. Aquellos con mensajes positivos mostraron patrones simétricos casi perfectos, los bombardeados con insultos se congelaron de manera muy desordenada.

En efecto, los resultados probaban que las palabras tenían poder más allá de su comprensión, más allá de la física que conocemos. Se trató, en efecto, de un descubrimiento revolucionario.

Los cristales de hielo dependiendo de la actitud que se mostró ante ellos

Huelga decir que los experimentos del Dr. Emoto no han tenido mucha aceptación en el gremio científico. Tanto su metodología como sus resultados han sido fuertemente cuestionados, pero nadie ha, hasta el momento, replicado el experimento y publicado los resultados en una revista científica. Por su parte, experimentos realizados en diversos blogs muestran resultados variables, aunque por lo general sí se muestra una mejoría – comúnmente muy leve – entre el arroz tratado con cariño y el maltratado.

Es difícil dar conclusiones en estas condiciones. Por ello, invito a mis lectores a realizar el experimento: sólo tienen que mantener el arroz en 3 jarras por 31 días y después publicar sus resultados en los comentarios. Con ello, iremos viendo qué tan acertado estaba el Dr. Emoto.

Fuente de imágenes: 1: pijamasurf.com, 2: youtube.com, 3: lacienciaysusdemonios.com

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