El peculiar proyecto del caracol telepático


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Telepatía

Si bien la telepatía sigue fascinando a incontables personas alrededor del mundo, lo cierto es que en la actualidad en el campo científico este fenómeno se ha descartado como algo imposible. Esto significa que la telepatía está relegada actualmente a los ámbitos de lo sobrenatural y lo oculto y no es algo que se utilice en nuestra tecnología de manera cotidiana o esporádica.

Sin embargo, hubo un momento en el que la telepatía era una hipótesis científica tan válida como cualquier otra. En este periodo varias personas intentaron usarla como un mecanismo para comunicar distancias lejanas entre sí. El objetivo era desarrollar mecanismos más económicos y eficientes que el telégrafo, por entonces el método de comunicación a distancia más revolucionario del que se tenía registro.

Fueron muchos quienes intentaron todo tipo de mecanismos para conseguir la ansiada comunicación. Desde tatuajes paralelos hasta trasplantar un trozo de carne del brazo de una persona a otra, todos estos mecanismos buscaban generar una conexión entre dos entes y con ello permitir algún tipo de comunicación.

Pero ninguna de estas teorías fue tan particular como el experimento de los caracoles telepáticos.

La Brújula Pasilalínica-Simpatética

Claro, si llegas a los inversionistas con un hombre como “el caracol telepático” no vas a llegar a ningún lado.

Por esta razón el nombre que le pusieron a esta peculiar iniciativa fue el de “La Brújula Pasilalínica-Simpatética”. Jacques Toussaint Benoit, ocultista francés, era quien se hallaba detrás de esta propuesta, pues aseguraba que había descubierto que los caracoles al aparearse generaban un vínculo telepático de por vida.

El fenómeno exacto mediante el que esto ocurría no estaba muy claro. Benoit mencionaba unos “fluidos” como la explicación al asunto, pero nunca aclaraba exactamente qué significaba esto. En cualquier caso, el francés aseguraba que utilizando este mecanismo se podía construir un sistema operativo de transmisión de información instantánea superando así la tecnología del telégrafo.

El año, en caso de que se están preguntando, era 1851.

La construcción del dispositivo

Benoit logró convencer al dueño de un gimnasio local, Monsieur Triat, de financiar su investigación, pues aseguraba que ya entendía bien las bases científicas de esta comunicación y podía aplicarlas en un dispositivo práctico. Sin embargo, pasaban los meses y el ocultista seguía sin mostrar resultados, por lo que su mecenas se hartó y le exigió la construcción del dispositivo prometido.

Y al fin se fabricó. La máquina prometida consistía en dos conjuntos de 24 recipientes, cada uno con un caracol y una letra, que contenían sulfato de cobre porque… bueno, para transmitir mejor las señales o algo así. Seguramente.

La idea tocar a un caracol en uno de sus recipientes generaría una reacción en su homólogo al otro lado del dispositivo, la cual podría ser detectada por un observador y usarse para transmitir un mensaje. Sin embargo, las primeras pruebas no brindaron los resultados esperados, y Benoit comenzó a insistir en que se debía a errores de los operadores y en dirigir el mismo el proceso.

Ya con la prensa atenta se realizó una segunda prueba que resultó exitosa, pero que tuvo de cerca la intervención de Benoit, lo que llevó a varios a considerar trataba de un fraude. Una tercera prueba, programada para finales de ese año, jamás se realizó, pues Benoit desapareció sin dejar rastro abandonando sus proyectos.

Se dice que apareció muerto en las calles de París un par de años después.

Durante la Comuna de París el mecanismo intentó usarse para defender la ciudad, pero fue abandonado cuando los dirigentes se dieron cuenta que no ofrecía resultados.

Bibliografía:

  1. https://en.wikipedia.org/wiki/Pasilalinic-sympathetic_compass
  2. https://www.wired.com/2006/11/the-snail-teleg/

Imágenes: 1: atlasobscura.com, 2: wired.com

El peculiar proyecto del caracol telepático
21 mayo, 2019

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