El Pasto de la Resurrección: variedad australiana podría brindarnos nuevas fuentes de alimentación

Clima salvaje y naturaleza

Un ejemplo del llamado “pasto de la resurrección”

Desierto

Todos hemos visto alguna escena del lejano oeste norteamericano en la que, tras un comentario particularmente desafortunado o – más comúnmente – en medio de dos individuos que se enfrentan a duelo, pasa una planta rodante como símbolo de la desolación de la región y de la aridez que la caracteriza.

En los desiertos australianos, de gran extensión, abundan plantas de este tipo. Ya sean nómadas o se adhieran a los suelos, bajo el duro sol y en ausencia casi total de agua terminan por convertirse en hojarasca, en un recuerdo marrón del verdor que alguna vez representaron.

Pero contrario a la mayor parte de plantas – y animales – que sencillamente mueren, los llamados “pastos de la resurrección” suelen recuperar su verdor poco tiempo después de que las lluvias (que bien pueden tardarse años en llegar) vuelvan a refrescar las tierras ardientes. Su capacidad, que ha sorprendido a los seres humanos por milenios, está hoy bajo la lupa de los científicos que esperan que nos indique maneras más eficientes de cultivar en tierras con poca agua.

El Pasto de la Resurrección

El Profesor Sagadevan Mundree, la Doctora Brett Williams y el Investigador Hao Long son los tres científicos australianos que se dedicaron a estudiar de cerca la especie nativa de pasto desértico Tripogon loliiformis conocida por sus sorprendentes habilidades para resistir la sequía. Lo que descubrieron superó las expectativas. El pasto no se reconstruía con las lluvias: se regeneraba.

Esto significa que el pasto no reanuda el crecimiento a partir de nuevas células, sino que los tejidos secos se reconstituyen cuando aparece el agua. Aunque parezca banal, las implicaciones son importantes pues indican, primero, una capacidad anormal y generalizada de resistencia a la sequía y segundo un sistema más eficiente que permite usar los recursos que ya se invirtieron originalmente.

El sistema por el cual estas variedades de pasto se mantienen en medio de la sequía pasa por complejos manejos de algunos azúcares que le permiten expulsar a la planta las toxinas de sus células incluso en condiciones en las que más del 95% del agua se ha evaporado. Esto, si se realiza adecuadamente, permite al pasto sobrevivir por años.

El equipo investigador

Problemas climáticos

Ya hemos hablado aquí de los peligros que el cambio climático impone sobre nuestra sociedad y de las necesidades a las que podríamos estar sometidos en un entorno en el que las sequías se hagan más largas. Muchas de las regiones más fértiles del mundo, como California, el Creciente Fértil o el Norte de África podrían desaparecer como productores agrícolas en este contexto.

Por esta razón, hoy más que nunca es prioritaria la inversión en sistemas que nos permitan sacar lo mejor de la tierra y aprovechar estas vastas regiones incluso en el marco de sequías generalizadas. Y por esta razón resulta muy importante la investigación del equipo australiano.

Si se puede aplicar el conocimiento del Pasto de la Resurrección a otras especies de plantas, más aprovechables para los seres humanos, es posible que estemos ante una solución que aliviaría la situación de millones de personas y podría salvar otro tanto de vidas… si es que las instituciones capaces de realizar esta solución deciden otorgarla para el bienestar de la humanidad y no para ensanchar sus arcas, claro.

Fuente de imágenes: mysteriousuniverse.org

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