El Panteón de Belén, un lugar lleno de historias


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En Guadalajara (Jalisco, México) se encuentra un hermoso panteón construido arquitecto Manuel Gómez Ibarra a solicitud del Obispo don Diego de Aranda y Carpinteiro, el camposanto solo estuvo en funcionamiento durante 50 años y fue cerrado oficialmente el 1 de noviembre de 1896 por cuestiones de salubridad. El sitio sirvió como fosa común pero más adelante se convirtió en el lugar de descanso de personajes ilustres del país, aunque ahora sigue funcionando como punto de atracción turístico y se ofrecen recorridos.

Pero lo realmente interesante, y el punto de partida para esta historia, es que el panteón también ofrece una diversidad de historias sobrenaturales. Veamos:

El árbol vampiro

A finales del siglo XIX, en la ciudad de Guadalajara empezaron a suceder cosas extrañas: los animales aparecían muertos y exanguinados, como si se hubiesen secado. Las personas no le dieron mayor importancia a lo sucedido hasta que ya no fueron las aves o pequeños roedores los que aparecían sin sangre, sino que ahora eran jóvenes.

Angustiados por la masacre que estaban viviendo, un grupo de valientes se ofreció para atrapar al asesino, y  marcharon tras un extranjero que se habían mudado recientemente. El comportamiento de aquella persona era bastante raro, según el pensar de la gente de la época, pues aquel extranjero salía solo en las noches y no interactuaba mucho con la gente del lugar.

Teniendo en cuenta esto y el estado en que dejaba a sus víctimas, el grupo de jóvenes llegó a la conclusión que el extranjero era un vampiro y que la mejor forma de eliminarlo era clavándole una estaca en el corazón.

Fue así que una noche le tendieron una trampa: lo atraparon, le clavaron la estaca y lo arrojaron a una fosa en el Panteón de Belén. No obstante, se podrán imaginar la sorpresa cuando al otro día apareció un enorme árbol sobre la tumba del vampiro y se cuenta que el día que el árbol rompa del todo la lápida, el vampiro volverá a la vida.

El niño con miedo a la oscuridad

Ignacio Torres Altamirano, fue un niño que tuvo un triste final, pues el pequeño sufría gran terror por la oscuridad y por más que sus padres intentaran hacer grata la noche, Ignacio no podía superar su miedo. Una noche las velas que dejaban encendidas los papás del niño se apagaron, y fue tal su desasosiego que el niño sufrió un infarto.

Los padres desconsolados, le dieron sepultura a su hijo en el Panteón, pero ni en la muerte Ignacio pudo encontrar tranquilidad pues resulta que al día siguiente el féretro fue desenterrado. Primero atribuyeron lo sucedido a saqueadores de tumbas, pero el hecho se repitió más una vez, y fue así que la madre de Ignacio llegó a la conclusión que su hijo no podía descansar en paz.

Con lo sucedido en mente, ambos padres mandaron a construir un ataúd externo con cemento y piedra y a su alrededor hay cuatro puestos para colocar antorchas, dando la apariencia de ser una locomotora. Hasta el día de hoy, las personas que van a visitar el cementerio, dejan ofrendas al niño y podemos encontrar carritos, muñecos o balones.  Y también algunos visitantes afirman haber oído o sentido a un pequeño niño jugar en el cementerio.

Consultas médicas desde el más allá

El doctor José Castro, murió a los 29 años y la gaveta que fue construida en honor para el joven es una de las más detalladas: en el cenotafio se encuentra la mamá del médico, acompañada de dos personajes simbólicos, rodeados por un sauce llorón.

Los pacientes en vida, siguieron asistiendo para ver el médico en su muerte, con la esperanza de encontrar una cura para sus enfermedades y que desde el más allá el buen José Castro los siga atendiendo.

Los extranjeros bondadosos

Joseph Johnson y Jean Young, de Escocia llegaron a Guadalajara en un mal momento: el hambre y la pobreza azotaba a la gente y la comida estaba tan escasa que cuentan que la gente perseguía a los perros callejeros para tener algo que comer. La pareja de extranjeros en vez de asustarse decidieron ayudar.

Los escoceses se caracterizaron por sus actos benéficos y por ayudar siempre a los más necesitados, así que cuando la pareja partió para el más allá, enfermos por el cólera, la ciudad les rindió un gran tributo y honraron su memoria.

Hoy en día, la tumba de los extranjeros es también visitada y se les lleva muchos regalos como rosarios, pulseras y cajas de medicina. De vez en cuando les escriben alguna carta pidiéndole algún favor y su intervención.

Un alma de pena de Salem

Por último, hay una leyenda sobre otro de los habitantes del Panteón de Belén, Archibald J. Rice, quien era de Salem, Massachusetts, y era ayudante de médico. Al parecer se le ha visto paseando por el Panteón consolando a las personas que se encuentran llenas de muchas dificultades.

Bibliografía:

  1. https://supercurioso.com/el-arbol-del-vampiro-leyenda-mexicana/
  2. https://www.informador.mx/Suplementos/El-Panteon-de-Belen-y-sus-leyendas-revisitadas-20150301-0150.html

Imágenes: 1: informador.mx, 2: ciudadypoder.mx, 3: periodicocentral.mx

El Panteón de Belén, un lugar lleno de historias
22 febrero, 2019
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