El misterio del fantasma de los 21 rostros

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Un crimen en el país del sol naciente

En los 1980’s Japón se encontraba en la cúspide de su desarrollo. Había pasado de ser un país en bancarrota, destruido por la guerra, a convertirse en la segunda economía más grande del mundo y una potencia mundial incontestable. Sus ciudadanos se sentían más seguros que nunca en las grandes ciudades del dragón asiático, que hervían en actividad. Pero sería en este momento cuando uno de los eventos más horripilantes en la historia nipona tomara lugar: su culpable (o culpables) jamás fue identificado, y hasta hoy permanece en el misterio. Se trató del caso del llamado fantasma de los 21 rostros (o monstruo de los 21 rostros).

El terror comenzó el 18 de marzo de 1984 a las 9 de la noche, cuando dos intrusos enmascarados, armados con una pistola y un rifle, entraron a la casa de Katsuhisa Ezaki – a la sazón presidente de la gran compañía de dulces Glico, en Osaka – con el objetivo de secuestrarlo. Los criminales habían obtenido la llave de la residencia de la madre del CEO, y procedieron a cortar las líneas telefónicas del hogar y amarrar la esposa y la hija del ejecutivo. Luego se llevaron al hombre y se comunicaron con la empresa para pedir mil millones de yenes y 100 kilogramos de oro.

Para desgracia de los criminales, el hombre fue capaz de escapar antes de que la empresa pagara el rescate, apenas tres días después del secuestro, y de volver a reunirse con su familia. La policía (que había sido incapaz de recolectar alguna pista al respecto) se mostró aliviada, y aunque el caso horrorizó a la sociedad japonesa (una de las más pacíficas del mundo, y en donde se creía que un evento así era imposible), todos pensaron que los eventos habían terminado.

Pero se equivocaban.

Comienza el Boicot

Algunas semanas más tarde, el 10 de abril de 1984, varios vehículos en los edificios de la compañía comenzaron a arder incendiados por hombres desconocidos. El fuego fue considerable y acabó no solo con los vehículos, sino con zonas aledañas a la empresa. Y no mucho tiempo después, el 10 de mayo, se encontró una carta amenazante en una botella de ácido clorhídrico en la que los criminales afirmaban que habían colocado cianuro en algunas bolsas de Glico que se llevarían a las estanterías si no cumplían con sus condiciones. La única firma que había en la carta decía “el fantasma de los 21 rostros” (a veces traducido como “el monstruo de los 21 rostros”).

La policía estaba anonadada. No solo no había sido capaz de encontrar pista alguna que los llevara a los criminales, sino que estos estaban haciendo de las suyas: la amenaza a la empresa le costó más de 21 millones de dólares en ventas. Para colmo, llegó una carta a la policía que decía lo siguiente:

“Queridos estúpidos oficiales de policía. No mientan. Todos los crímenes comienzan con una mentira, como decimos en Japón. ¿No lo sabían? ¿Por qué no mejor se quedan callados? Parecen estar un poco perdidos, así que ¿por qué no ayudarlos? Les daremos una pista: entramos a la fábrica por la puerta frontal. Usamos una máquina de escribir PAN. El contenedor de plástico era basura, y estaba en la calle”

Otras cartas siguieron apareciendo, en las que se mofaban de la policía y continuaban las amenazas contra Glico, hasta que de pronto llegó una misiva particularmente breve: “¡Perdonamos a Glico!”. Sin embargo, las cosas hasta ahora estaban comenzando.

El grupo extiende sus actividades

Pronto, otra empresa se convirtió en la víctima de los señalamientos del misterioso grupo. Se trataba ahora de dulces Morinaga, y al igual que en el caso anterior se habló de poner veneno en las bolsas de la empresa, con la diferencia de que en esta ocasión el grupo advertía efectivamente que había colocado veneno en 21 bolsas. La policía fue capaz de encontrarlas todas antes de que nadie las consumiera… ayudados por los pequeños sellos de “cuidado, producto tóxico” que el fantasma había colocado en cada una de ellas. Al parecer, los criminales estaban interesados en evitar que alguien muriera, pero esto probó que no estaban bromeando y eran capaces de cumplir su palabra.

Diversas personas (incluyendo varios empresarios) reunieron entonces los 50 millones de yenes que, ahora, estaba pidiendo el extraño colectivo de extorsionistas. Un agente especial fue encargado de llevar el dinero a la locación solicitada (un tren bala que sería marcado con una bandera blanca), y todo un operativo se desplegó detrás del hombre. El agente declararía luego que un “hombre con ojos de zorro” lo había espiado y seguido con atención, pero al desplegar la fuerza policial sobre este hombre, se desvaneció como humo en el aire. El dinero jamás se entregó, pues no apareció nunca la bandera blanca.

La desaparición del monstruo

Una segunda oportunidad para la policía llegaría el 14 de noviembre, pero de nuevo el hombre escapó fácilmente a una gigantesca operación orquestada por el estado japonés. La operación falló y las amenazas del fantasma de 21 caras continuaron. En agosto de 1985, más de un año después de las primeras operaciones de la banda, el Superintendente de la Prefectura Policial de Shiga, Yamamoto, se suicidó.

Sería la única víctima de la banda, pero también el único capaz de detenerlos. Tras su muerte, la siguiente carta llegaría a las oficinas de la policía… y nunca más volvería a saberse nada del colectivo. Su actuación, su gran organización y su impresionante despliegue de inteligencia siguen siendo un misterio para la sociedad japonesa.

La carta final de la organización

Yamamoto de la Prefectura de Shiga murió. ¡Cuán estúpido fue! No tenemos amigos ni escondites secretos en Shiga. Son Yoshino o Shikata quienes deberían haber muerto. ¿Qué han hecho ellos por un año y 5 meses? No permitan que los malos, como nosotros, se salgan con la suya. Hay muchos por ahí que quieren copiarnos. Yamamoto murió como un hombre, así que hemos decidido dar nuestras condolencias. Nos olvidaremos de torturar a empresas de alimentos. Si alguien extorsiona alguna de estas empresas, no somos nosotros, es alguien copiándonos. Somos malos. Esto significa que tenemos más que hacer además del bullying a las compañías. Es divertido llevar la vida de un hombre malo. El fantasma de los 21 rostros.

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