El Experimento de Rosenhan: el psicólogo que vivía de engañar hospitales

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Si existe tal cosa como la cordura y la locura, ¿cómo habríamos de reconocerlas?

Locura                      

La locura (y la cordura) son temas interesantes. Para quienes viajan a territorios lejanos, por ejemplo, muchos de los actos cotidianos de las personas que visitan pueden parecerles la esencia misma de la locura, pero para estas personas será la definición propia de normalidad. El loco es el excéntrico visitante.

Y así mismo, es bueno recordar que en el siglo XIX se consideraba que una mujer estaba enferma de la cabeza si tenía deseos sexuales de manera constante… lo cual se trataba con vibradores y drogas diversas (incluyendo la heroína). A esto se le llamaba “histeria femenina”.

Hoy por hoy, consideramos que el hecho de que una mujer tenga deseos sexuales no solo es natural, sino positivo. Es decir, es un indicador de salud mental.

Entonces, ¿podemos saber, objetivamente, qué es locura y qué es cordura? Claro, en algunos casos es más bien fácil de determinar, pero en otros es muy complejo. Y peor, no podemos saber cuando una persona finge su estado de locura, y cuando es legítimo.

Todas estas fueron preguntas que se hizo un psicólogo llamado David L. Rosenhan, quien luego realizó varios experimentos interesantes demostrando que aún los expertos no están seguros de qué indica una enfermedad mental.

El primer experimento: los falsos pacientes

Para probar su punto, Rosenhan y un grupo de seguidores tomaron la decisión de internarse en un hospital mental.

El propósito era poner a prueba la capacidad de los hospitales para detectar falsos pacientes pero, sobre todo, para determinar el momento de la curación de estos pacientes. Pues verán, tras ser admitidos bajo el argumento de que “escuchaban voces”, la instrucción de los falsos pacientes era volver a comportarse de manera completamente normal y, tras pocos días, decir a los trabajadores del hospital que se encontraban mejor.

Aún cuando eran personas sanas y se estaban comportando de manera completamente normal, el tiempo promedio para que salieran de la clínica fue de 19 días, y uno de los casos se tardó 52. Es más, a todos se les exigió como parte de su retiro de la Institución que siguieran tomando antipsicóticos y aún cuando decían estar bien fueron catalogados como “esquizofrénicos en remisión”. Curiosamente, los pacientes del hospital fueron los primeros en darse cuenta de que estas personas no tenían problemas mentales, y los más hábiles detectando a los falsos pacientes.

El segundo experimento: la amenaza

Pero el asunto no terminó aquí. Tras publicar sus resultados, Rosenhan recibió un desafío de un Hospital: enviar sus “pacientes falsos” para que ellos los detectaran. El psicólogo aceptó con agrado, y le indicó al hospital que al menos un paciente falso ingresaría en los primeros 3 meses luego de la apuesta.

En este tiempo el hospital identificó 41 potenciales pacientes falsos y otros 42 sobre los que “había dudas”. Esto representó casi la mitad de los 193 pacientes que recibió a lo largo de los tres meses. ¿El truco? Rosenhan no había enviado ningún paciente. Todos eran pacientes “legítimos”.

Con estos experimentos Rosenhan demostró que la ciencia de detectar (y tratar) enfermedades mentales es tremendamente imprecisa, y puede llevar tanto a falsos positivos como a falsos negativos con facilidad. Si bien sus resultados fueron muy publicitados, lo cierto es que aún en la actualidad seguimos teniendo los mismos problemas, y es difícil determinar si un paciente está realmente enfermo (o curado).

Bibliografía:

  1. https://www.quora.com/What-are-some-of-the-coolest-psychological-experiments-ever/answer/Saeed-Baig-7

Imágenes: 1: factday.com, 2: blogpsychology.wordpress.com

El Experimento de Rosenhan: el psicólogo que vivía de engañar hospitales
17 febrero, 2019
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