El día que Australia declaró la Guerra al Emú… y perdió

Curiosidades

El Emú común australiano

Para quienes no lo conozcan, el emú es un ave gigante australiana, semejante al avestruz solo que mucho más pequeña. Aunque los especímenes más grandes alcanzan los 2 metros de altura, lo normal es que los adultos midan algo más de metro y medio y pesen algo menos de 50 kilogramos.

Estas aves, como sus hermanas del continente africano, se caracterizan por alimentarse de semillas y pequeños animales y por su altísima resistencia, siendo capaces de correr por más de una hora a una velocidad de 50 Km/h. Están perfectamente adaptadas a la vida en los desiertos australianos y, junto con los canguros, son los reyes de esta isla gigantesca.

La declaración de guerra

El problema del Emú

A finales de la Primera Guerra Mundial muchos soldados británicos y australianos recibieron tierras (muchas veces muy alejadas) en Australia Occidental, donde comenzaron a cultivar el trigo convirtiendo el área en una próspera región. Sin embargo, los precios del grano comenzaron a bajar y los agricultores se sintieron más y más desamparados a medida que 1929 (y la Gran Depresión) se iban acercando.

Pero como si no fuera suficiente con los problemas económicos globales, una población considerable de emús comenzó a moverse más y más cerca de los cultivos de estos agricultores. Las fértiles pero secas tierras de Australia Occidental se habían visto muy beneficiadas con la construcción de sistemas de riego y se convirtieron en un hogar incomparable para las aves.

Como si fuera poco con la destrucción de los cultivos, los emús se caracterizaban por romper las cercas, permitiendo que animales más pequeños y dañinos (principalmente conejos) entraran a los sembradíos. Se calcula que una población de más de 20 mil emús penetró en algunos años a la región, para desgracia de los agricultores.

Comienza el conflicto

Preocupado por la situación de los agricultores (que ya estaban al borde de una crisis por culpa de los bajos precios del trigo), el gobierno australiano comenzó una campaña para desalojar a los emús de la región. Aconsejados por veteranos de la guerra que cultivaban estas regiones, decidieron enviar vehículos con ametralladoras para evitar la entrada de los pájaros. El gobierno vio en esta campaña una oportunidad de reconciliarse con los agricultores, de entrenar a su fuerzas militares y de solucionar el problema de las aves a un bajo precio (pues los campesinos se comprometían a dar cobijo y alimento a las tropas que llegaran), por lo que aceptó la propuesta.

En octubre de 1932 el Mayor G. P. W. Meredith quedó al mando de la operación por comenzar. El 2 de noviembre, tras esperar que las lluvias permitieran el movimiento de las ametralladoras, la “guerra” comenzó.

La Guerra del Emú                              

A pesar de que se trató de una minúscula fuerza militar (originalmente, apenas dos vehículos armados con ametralladoras automáticas Lewis), la operación pronto se denominó “Guerra del Emú” por la opinión pública australiana. Se esperaba cobrar la vida de miles de aves en pocos días y usar sus pieles y plumas para mejorar la delicada situación económica de los campesinos. Puntualmente, se esperaba que en los inicios de la operación se podría retornar con la piel de 100 emús.

La defensa de las aves

Pero como podrán imaginar, la situación no fue tan sencilla como lo creían los soldados. Al principio todo comenzó bien: un grupo de unos 50 emús se localizó aquel 2 de noviembre y, pese a las dificultades para “emboscarlos” (pues la manada se dividió en varios grupos más pequeños), los soldados fueron capaces de matar algunos. En total, ese día algo más de una quincena de aves cayeron ante las balas.

El 4 de noviembre la tropa por fin encontró una manada grande, de unas mil aves. Lograron acercarse en silencio, pero al abrir fuego la manada huyó despavorida y, para terminar, la ametralladora se trabó. Solo 12 de los emús cayeron ante las balas.

En total, las aves muertas se calcularon entre 50 y 500, y la operación se canceló debido a su ineficacia. Pero la guerra no había terminado.

La segunda ofensiva del ejército

Luego de la retirada, una sequía hizo que miles de emús arribaran a la región. Los campesinos, desesperados, solicitaron de nuevo asistencia gubernamental. Apenas 11 días luego de las primeras operaciones, nuevas ametralladoras arribaron a la región.

Pero los emús parecían mejor preparados que antes. De acuerdo con Meredith, comandante de la operación

“Si tuviéramos una división militar con la capacidad de resistencia de estas aves, podría enfrentarse a cualquier ejército del mundo. Eran capaces de enfrentarse a las ametralladoras con la invulnerabilidad de un tanque. Son como los Zulúes”.

Pese a los esfuerzos de las tropas, varios vehículos se estrellaron y los emús parecían resistir incólumes todas las ofensivas. Apenas una decena de bajas se conseguían en cada ataque, lo que hacía extremadamente ineficiente a los esfuerzos del ejército. Al final, pese a la insistencia de los campesinos, la operación volvió a cancelarse.

Nuevos ataques en los 1930’s

Pese a los inconvenientes, los agricultores volvieron a solicitar ayuda del gobierno, que se negó a enviar nuevas tropas a hacer el ridículo en Australia Occidental. A cambio, organizó un sistema de recompensas que se probaría exitoso y cobraría la vida de más de 50 mil emús solo en un periodo de 6 meses en 1934.

Al final, los emús fueron de alguna manera derrotados, pero nadie olvidará el día en que pusieron en ridículo a las tropas y las ametralladoras australianas.

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Fuente de imágenes: 1: unrealfacts.com, 2: blogs.scientificamerican.com, 3: memeguy.com

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Bibliografía

El pensante (31 agosto, 2015). El día que Australia declaró la Guerra al Emú… y perdió. Bogotá: E-Cultura Group. Recuperado de https://www.elpensante.com/el-dia-que-australia-declaro-la-guerra-al-emu-y-perdio/