El asesino de Sucre: Jaime Benjamín Cárdenas

Asesinos en serie

Dice que no se arrepiente para nada de sus crímenes y asegura que todo lo hizo porque tenía mucho odio con el mundo. También atemorizó al entrevistador diciendo que no tenía miedo de nadie y que a cualquier persona él puede matar.

Los vicios y las malas amistades

Jaime Benjamín desde pequeño se codeo con los ladrones de su barrio en Santa Cruz, Bolivia. Vivió con su familia desde siempre, pero los problemas económicos separaron a sus padres y dejaron nueve hijos que se quedaron con uno o con el otro. Benjamín le tocó quedarse con su papá y él no le ponía tanta atención, por lo que el niño se volvió un violento en potencia.

Nació el 9 abril de 1987 y se crió en una época donde las drogas en las calles eran algo normal, por eso siendo apenas un niño empezó un fuerte consumo de alcohol y drogas: a los 11 años tuvo su primera borrachera y a los 12 años ya consumía pastillas y cocaína, marihuana también fumaba pero eso lo relajaba y él prefirió el famoso polvo blanco.

La pobreza de Bolivia también generó mucha violencia en las calles. Pandillas e inseguridad mermaba la cotidianidad y Benjamín no se pudo apartar de su contexto. Con las malas amistades conoció los vicios que lo llevarían a ser un ladrón. Primero jalador de billeteras y después un cruel asaltante.

Su primer crimen

A los 14 años su padre lo condujo a vivir a La Paz, capital de Bolivia. El padre si antes descuidaba a su hijo, ahora ni lo determinaba, pues ni siquiera le pagaba una colegiatura y dejaba al niño a merced de sí mismo. Así que Jaime o “El Jimmy”, empezó a robar transeúntes y conductores, hasta que el crimen se volvió su modalidad de vida.

No faltaría mucho tiempo para que cometiera su primer asesinato. Tenía solamente 17 años cuando una víctima de sus robos intentó defender a su novia y en dicho instante invadió un sentimiento de cólera el corazón de Benjamín, por lo cual clavó su afilado puñal en el corazón del muchacho.

Pero no escapó, se quedó con el cadáver hasta que la policía lo llevó a la comisaría. Lo malo del asunto fue que nadie le dictaminó sentencia, dejaron correr unos meses y Benjamín ya estaba de nuevo en las calles robando y cometiendo más asesinatos. La familia del joven asesinado quedó tan marcada por esto que se fueron a vivir a otro país del continente americano.

La violación en el cerro de la Calancha

Para el 2009 nuestro asesino serial se había vuelto un completo capo de las calles. Robaba, mataba y traficaba drogas, tenía además buenos engranajes con la policía, especialmente con un oficial llamado Ever Alvis Vera, con el que se iría de vacaciones a otra región del país andino a cometer la peor barbaridad de su vida.

Llegaron a Sucre en Octubre del 2009 para arreglar unos asuntos con algunos delincuentes de esa ciudad, así que en un acto macabro le hablaron a dos universitarias que eran novias de los delincuentes. Las llevaron a un lugar conocido como “El cerro de la Calancha” para invitarlas a tomar y a consumir drogas. Después las violaron y las golpearon.

Esa noche, las mujeres no se quedarían calladas y empezaron a amenazar a Benjamín y a Ever, hasta el punto en que ellos se pusieron sádicos y las mataron a cuchilladas y a una de las chicas le aplastaron el cráneo con una gran roca.

Obviamente esto no quedaría sin justicia, pero los primeros en escribir sentencia fueron los novios de las mujeres violadas, ellos supieron quienes habían sido y mataron al hijo de Jaime Benjamín, clavándole un puñal en el pecho.

La guerra de pandillas

Con esto empezaba una guerra de pandillas que llevó más de 2 años, ocasionando muchas bajas entre los rivales. La policía no intervenía, según las fuentes periodísticas, porque hubo mucha corrupción y se pagaban altos sobornos. Gracias a la prensa se le pudo dar orden de captura a Benjamin y Ever Alvis.

Fueron agarrados en el 2011 y se les sentenció treinta años de cárcel, a pesar de que Benjamín declarara haber matado más de treinta personas. Muchos testigos corroboraron la versión del acusado y a pesar de eso, la policía no dijo nada y esos crímenes no se los sumaron a la condena.

La agresividad en el sicario

Jaime Benjamín Cárdenas es un caso de los asesinos que se dejan llevar por la agresividad y el vicio, incluso ese mismo sentimiento se vio en juicio, cuando el acusado lanzó una botella contra la cabeza de la fiscal que lo estaba juzgando.

La mayoría de los criminales latinoamericanos, nacen por el propio conflicto que viven en la calle, la cual los educa y forma como peligros sociales. La exclusión que sufren los lleva por la senda de la violencia y de los vicios, haciendo que pierdan su calidad humana y terminen volviéndose como Jaime Benjamín.

Muchas veces no hay variedad en la forma en que operan los llamados “sicarios de barrio” y se normaliza entre la sociedad. No se toma en cuenta que la misma exclusión es la que hace que surjan vándalos así, con problemas mentales tan fuertes como los tuvo Pedro Rodríguez Filho en Brasil o  Pablo Escobar en Colombia.

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El asesino de Sucre: Jaime Benjamín Cárdenas


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