Economía, política y medio ambiente: sobre el posible fin de la civilización contemporánea.

Apocalipsis, Ciencia

 

Informes preocupantes

Los Límites del Crecimiento

En 1972 el Instituto de Tecnología de Michigan (MIT por sus siglas en inglés), una de las instituciones educativas más prestigiosas del mundo, realizó un informe a petición del Club de Roma (una institución conformada por científicos y políticos que buscan mejorar el futuro del mundo a mediano y largo plazo). El nombre de este informe ha quedado grabado en la historia como un ícono del ambientalismo y como el comienzo de los movimientos ecologistas actuales: Los Límites del Crecimiento.

En este informe se afirmaba, básicamente, que de seguir con las dinámicas actuales de crecimiento (tanto poblacional como económico) la humanidad sería incapaz de sostenerse por más de un siglo. La cuestión de un modelo económico que propone crecimiento ilimitado en un planeta con recursos finitos se trabajó a profundidad por primera vez en este informe, que profundizaba en la incapacidad de los ecosistemas para absorber la polución que se genera por las actividades humanas la cual eventualmente llevaría a un colapso de la capacidad productiva de nuestra sociedad.

Este artículo fue fuertemente criticado y cuestionado, y no cabe duda de que exageró en algunos de sus cálculos aunque fuera muy preciso en algunos otros. En las últimas décadas del siglo XX se han presentado catástrofes ecológicas de magnitud muy superior a las de principios de siglo, y las tasas de contaminación y deforestación, aunque aún no amenazan las principales reservas de biomasa y biodiversidad del planeta (al menos no en su totalidad), crecen a pasos agigantados, tal que no podemos saber si en un par de décadas estas invaluables fuentes de recursos estén en el umbral de la desaparición.

El informe de la NASA

El año pasado otra entidad entregó un nuevo documento en el que se advierten las consecuencias del modelo actual. La NASA – entidad estadounidense dedicada al estudio del espacio – presentó un informe en el que se advierte que el modelo socioeconómico actual nos dirige invariablemente hacia el colapso de la civilización. La líder de este proyecto, Safa Motesharrei (matemática aplicada), afirma que de no tomarse medidas radicales, la humanidad podría estar en peligro de caer en una crisis, y que ya llevamos varios años consumiendo más recursos de los que la tierra pone a nuestra disposición. Resulta cuanto menos interesante que una entidad de la que se pensaba que encontraría algún peligro para la humanidad que proviniera del espacio encuentre que el verdadero peligro lo representamos nosotros, aquí en la tierra.

Pero este estudio innova en una cuestión y es en la problemática que se deriva de lo mal distribuida que está la riqueza en el mundo, algo peligroso pues lleva a que se malgasten recursos y a que las personas en la parte más baja se vean en la necesidad de acudir a tecnologías obsoletas, destruir el ecosistema y arruinar sus medios de supervivencia solo para ser capaces de alimentarse. Así, el problema no es solo el altísimo consumo de recursos, sino la manera en que estos recursos se distribuyen en la sociedad.

 

¿Cuál es el camino a la catástrofe?

Una crisis social anunciada

El grupo de investigación afirma que hay dos escenarios posibles para este colapso. El primero pasa por un progresivo crecimiento de la desigualdad en el mundo, lo cual favorecería la creación de un mundo sin “clases medias”, con una pequeña élite y un gran número de trabajadores o miembros de las clases bajas. Eventualmente, la altísima capacidad de consumo de las élites llevaría a un aumento sostenido en los precios, lo que a su vez repercutiría en la capacidad de consumo de las clases bajas. Al final, tendríamos un escenario en el que millones de personas están amenazadas por el hambre y la producción empieza a decrecer, causando muertes masivas a lo largo y ancho del mundo.

Un escenario derivado de éste es el de una epidemia mundial: las grandes epidemias hacían de las suyas de sociedades pobres y mal alimentadas (peste negra, cólera, influenza): el dramático aumento en la calidad de vida y la alimentación de la población que se vive desde mediados del siglo XIX permitió que, tras la epidemia de influenza de 1916, el siglo XX no haya conocido ninguna pandemia de carácter global. Sin embargo, si el nivel de vida de las poblaciones comienza a bajar, esto nos haría vulnerables ante una eventual pandemia mundial.

Problemas ambientales

El segundo escenario, en cambio, no tiene que ver con el aumento de los precios sino con la incapacidad del planeta para soportar la presión que existe sobre sus recursos. Este escenario es más preocupante, pues lo que se verá será un dramático descenso en la calidad de los ecosistemas y, por lo tanto, en los bienes y servicios que obtenemos de ellos. De acuerdo con Motesharrei, los ecosistemas son resilientes, por lo que no mostrarán una gradual disminución de sus capacidades, sino que colapsarán de un momento a otro por la presión excesiva que por decenas de años se ha impuesto sobre ellos. Así mismo, las élites, que al principio no serán afectadas por la crisis, no harán nada para detenerla hasta que sea demasiado tarde.

Motesharrei no se equivoca cuando afirma que la sociedad se dirige a crecientes niveles de desigualdad. En una obra magistral, producto de más de una década de investigaciones, un grupo de economistas franceses dirigidos por Thomas Piketty establecen que el siglo XX, en el cual la igualdad aumentó en los países del primer mundo, es una anomalía, y que los niveles de desigualdad vuelven a aumentar a finales de este siglo y principios del XX, tal como sucedió durante el siglo XIX. En este escenario, la sociedad se dirige a niveles de inestabilidad y Piketty, quien le dedica muy poco espacio a la cuestión ambiental, habla de la inseguridad social y política y de la posibilidad de otra gran guerra en un escenario de alta desigualdad.

Los detractores del estudio de la NASA afirman que no se tiene en cuenta variables como la influencia de los precios (eventualmente al alza) en el desarrollo de tecnologías más eficientes, a lo que Motesharreir responde que sin importar las innovaciones, las nuevas tecnologías siempre se han caracterizado por aumentar la producción y el consumo per cápita como un todo aunque sean más eficientes desde un punto de vista de costos por cada parte. Es decir, que si bien se puede producir de manera más eficiente, igual seguiremos produciendo más tal que la ventaja de la eficiencia se reduzca a cero (o se vuelva negativa) por el aumento en la producción.

En todo caso, a pesar del revuelo lo cierto es que el informe de “Los Límites del Crecimiento” causó más bien pocos cambios reales en la manera como se manejaba la producción mundial. Aunque triste, es poco probable que este estudio cambie a profundidad el modelo actual, y de estar en lo cierto, eso quiere decir que podemos irnos despidiendo de nuestro estilo de vida.

Fuente de imagen 1: esp.rt.com
Fuente de imagen 2: madrimasd.org
Fuente de imagen 3: ifrc.org

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