Diego: la tortuga cuyo libido salvó a su especie de la extinción.

Curiosidades, Zoología

Tortugas gigantes

En las islas Galápagos, frente a las costas ecuatorianas, se encuentran las tortugas más grandes de la Tierra. Descendientes de unos pocos individuos que quedaron atrapados en las islas cuando estas se separaron del continente (o en su defecto, que llegaron a ellas cuando ya estaban separadas) las tortugas encontraron un ambiente idóneo en este territorio y alcanzaron tamaños impresionantes, desconocidos en otros lugares del mundo.

Hoy solo quedan 10 especies de las 14 que habitaba las islas cuando arribó Darwin, y de las quizás 300.000 tortugas que entonces habitaban las Galápagos solo quedan unas 15.000. Sin embargo, teniendo en cuenta que la población descendió a los 3.000 individuos hace 45 años de hecho la cifra actual es bastante positiva.

Sin embargo, el descenso ha sido a veces bastante dramático y en ocasiones la recuperación de las poblaciones ha sido un asunto casi de milagro. Así, precisamente, ocurrió con Diego, representante de la especie de la Isla Española (Chelonoidis hoodensis), uno de los 13 sobrevivientes finales de su especie hace unas 5 décadas.

Diego

Diego fue repatriado de un zoológico en California (Estados Unidos), al que no se sabe bien cómo llegó, cuando la situación se volvió crítica en la Isla la Española. Allí quedaban apenas 12 individuos (10 hembras, dos machos) esparcidos en un amplio territorio, lo que significa que las probabilidades de que se reprodujeran eran prácticamente nulas.

Las tortugas fueron entonces ubicadas en un entorno más cerrado, pero la reproducción seguía siendo un problema… hasta que llegó Diego.

No se sabe por qué, pero este macho se convirtió de inmediato en un verdadero semental reproductor. En la actualidad ha tenido más de 800 crías, lo cual lo convierte en padre de aproximadamente el 40% de la población de quelonios en la isla… algo admirable si tenemos en cuenta que sus crías también se reproducen.

Diego se convirtió así en el salvador de su especie, y su prolífica descendencia permitirá que en pocos años la población de tortugas se normalice (quizás en torno a los 5.000 individuos) y los investigadores y biólogos podrán entonces continuar su trabajo con otras especies. La contraparte de este individuo, el Solitario George, murió en 2012 luego de pasar toda su vida sin aparearse con hembras de especies híbridas que quizás pudiesen haber salvado la suya, y condenó a la desaparición a la tortuga de la isla Pinta.

Imagen: la-razon.com

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