De santos pitagóricos: breve historia de Apolonio de Tiana, el “otro” Jesucristo

Personajes de la historia, Personas sorprendentes, Santos y Milagros

Pitágoras, fundador de la Escuela Pitagórica

Pitágoras y los pitagóricos

Alguna vez hablamos en estas páginas de Pitágoras y su papel en el surgimiento de las Matemáticas Místicas en Occidente. El sabio griego no solo fue un magnífico pensador y matemático (desarrollando el reconocido teorema de Pitágoras) sino que fue creador de una importante escuela de filosofía en la antigüedad, de lo que (suponemos) fue una sociedad secreta y de un grupo de seguidores que admiraban su sabiduría, su humanidad y sus habilidades.

La sabiduría y la filosofía pitagóricas sobrevivieron a su creador y se convirtieron en una escuela muy popular y reconocida en la antigüedad clásica. En los tiempos de Jesús, los conocimientos pitagóricos tenían muchísima importancia en el Imperio Romano, y en particular en su mitad oriental fuertemente influenciada por su herencia griega.

Apolonio de Tiana nació en Tiana, en la capadocia turca, en los primeros años de la era cristiana. Al contrario que Jesús, no provenía de una familia humilde, sino de una de las familias fundadoras de la ciudad, la crema y nata de la aristocracia regional. Pronto, el joven Apolonio mostraría un talento natural para la sabiduría y el aprendizaje, y sería llevado por su padre a una escuela pitagórica.

Primeros años

Cuenta la historia que Apolonio tuvo desde su juventud un gusto por la filosofía. A sus 14 años, tras haber estudiado un tiempo en Tarso, pidió a su padre que le dejase ir a Aegae, pues consideraba burdos e insolentes a los habitantes de su ciudad de vivienda. En Aegae, por otra parte, podría vincularse a un templo dedicado al dios Esculapio y dejar de tratar con la plebe. Fue allí donde abrazó la doctrina pitagórica.

Apolonio pronto se convirtió en un hombre de mundo. Comenzó a recorrer los templos de la región, aprendiendo de los sacerdotes y a la vez impresionándolos con su sabiduría. Su fama pronto se extendió por todo Egipto, por Siria, por Antioquia, por todo el mundo oriental: su parsimonia y bellos sermones le atrajeron un grupo de seguidores y su humanidad y respeto por los hombres le crearon una fama que atravesó las fronteras de Roma.

Y así, Apolonio se convertiría en confidente de los sabios más importantes del mundo occidental en aquel tiempo: los brahmanes hindúes.

Busto de Apolonio de Tiana

India

Lo cierto es que Apolonio de Tiana afirmaba que existieron en su época, o sea en el siglo I d. C., en la India, libros extraordinarios y muy antiguos que contenían una sabiduría procedente de edades extinguidas, de un pasado muy remoto.

En la Biblia, los sucesos entre la juventud de Jesús y el momento en que cumple unos 30 años son un misterio. Muchos creen que el joven santo pudo haber viajado en este periodo a la India, pues muchas de sus enseñanzas parecen llevar la impronta del budismo y los sabios Brahmanes. India, en aquellos tiempos, era la cuna de la sabiduría, el lugar de los hombres espirituales.

Apolonio de Tiana viajó a la India, pero a diferencia de Jesús sí nos dejó registro de sus visitas. Uno de sus discípulos, llamado Damis, dejó amplio registro de sus visitas y de sus reuniones con los sabios Brahmanes, las cuales estaban reservadas a un puñado de hombres dignos. De acuerdo con su discípulo, el sabio se reunió en conferencias secretas con hombres que tenían conocimientos antediluvianos: sacerdotes, magos, quizás incluso uno de los 9 desconocidos. Apolonio retornó en algún momento de su adultez al Imperio Romano a recorrer las ciudades y brindar sus enseñanzas, alcanzando gran popularidad (en particular en la mitad oriental del Imperio).

Roma

Al llegar a sus 20 años, Apolonio recibió una cuantiosa herencia, producto de la opulencia que caracterizaba su familia. Fiel a sus ideales, la donó en su totalidad a varios templos religiosos (pidiendo que se usara para ayudar a los menos favorecidos) y a sus familiares. Tras hacerlo, fue libre de las ataduras materiales para aprender y recorrer el mundo.

Luego de su retorno de India, su merecida fama comenzó a acrecentarse entre plebeyos y patricios por igual. Asesoró a diversos gobernantes que lo reconocieron por su nobleza y su humanidad tanto como por su sabiduría, y ayudó también a muchos hombres humildes que se acercaron a él. Sin embargo, su fascinación siempre fue visitar los lugares sagrados para aprender un poco más de la divinidad y su relación con los hombres. Intentó, por ejemplo, hacer parte de los Misterios Eleusinos, pero se le acusó de magia y se le cerró la entrada. Sólo poco antes de su muerte podría conocer los secretos antiguos de la Grecia Clásica.

A diferencia de Jesús, fue un escritor prolífico. Sin embargo, apenas han llegado a nosotros 95 cartas (la mayor parte incompletas) que el hombre escribió.

Medallón en honor a Apolonio de Tiana

Milagros

Se le atribuyen a Apolonio de Tiana varios milagros, incluyendo la expulsión de demonios en Corinto, la cura súbita de una plaga que se cernía sobre Éfeso y la resurrección de una joven en Roma cuyo tiempo, afirmó al pasar junto a su féretro, aún no había llegado. Como Lázaro, la joven se levantó ante su comando y lo siguió, de manos de su aterrada familia.

Muerte

Ya en su edad adulta, Apolonio sería acusado por el Emperador Domiciano de brujería y condenado a prisión. Pese a encontrarse con grillos y cadenas, el hombre anciano no perdía su fe y pronto fue liberado (no se sabe si por colaboradores o por decisión del Emperador) y se exilió de Roma. En Oriente, anunciaría la muerte de Domiciano al momento mismo de ocurrir, afirmando que el tirano había por fin caído.

Poco después le llegaría su turno. El final de su vida lo encontró en un templo custodiado por fieros canes que se postraron ante su presencia, con puertas que se abrieron ante él y un haz de luz y un coro celestial que lo conminaron a abandonar su vida terrena. Poco después aparecería por última vez ante uno de sus discípulos para demostrarle la inmortalidad del alma, de la cual el joven había dudado. Su escuela tuvo mucha popularidad los 100 años siguientes, pero luego comenzó a desvanecerse y finalmente sería olvidada con el surgimiento del cristianismo.

Paralelo con Jesús

Quizás la mejor forma de valorar su paralelo con el Cristo es citando al académico Bart D. Erham:

Incluso antes de su nacimiento se sabía que iba a ser alguien especial. Un ser sobrenatural informó a su madre de que el hijo por nacer no sería un simple mortal, sino un ser divino. Nació milagrosamente y se convirtió en un joven singularmente valioso. Como adulto, dejó su hogar y viajó por el mundo enseñando, instando a sus escuchas a vivir no por las cosas materiales del mundo, sino por las espirituales. Atrajo un número de discípulos convencidos de que sus enseñanzas eran inspiradas por la divinidad, en parte porque él mismo era divino, lo cual demostró realizando milagros, sanando a los enfermos, expulsando demonios y resucitando a los muertos. Pero para el final de su vida sus acciones le generaron opositores y sus enemigos le entregaron a las autoridades romanas para ser juzgado. Pese a ello, tras haber dejado este mundo, regresó para visitar a sus seguidores con el objetivo de convencerlos de que no estaba verdaderamente muerto, sino que vivía en un reino celestial. Más adelante, algunos de sus seguidores escribirían libros sobre él.

Imágenes: 1: pijamasurf.com, 2: alcione.cl, 3: wikipedia.org

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Bibliografía

El pensante (8 Enero, 2017). De santos pitagóricos: breve historia de Apolonio de Tiana, el “otro” Jesucristo. Bogotá: E-Cultura Group. Recuperado de https://www.elpensante.com/de-santos-pitagoricos-breve-historia-de-apolonio-de-tiana-el-otro-jesucristo/