De monstruos, dioses y demonios: Ahnenerbe, la Sociedad Oculta de los Nazis, parte 4

Estudios y experimentos, Hechos macabros

En este último episodio veremos los extremos a los que llegaron los nazis en su implacable búsqueda de la victoria y su interés en demostrar la superioridad innata de la raza aria que supuestamente la colocaba por encima de todos los demás pueblos del mundo.

Terminamos el capítulo anterior hablando de los horribles experimentos en seres humanos (principalmente con el objetivo de medir su resistencia), principalmente prisioneros, y de la búsqueda de las habilidades ocultas del hombre. Pues bien, bajo el auspicio de Ahnenerbe dicha búsqueda llegó bastante lejos.

Los poderes ocultos del hombre

En aquel entonces ciencias como la medicina y la química estaban menos desarrollados. En general, se comprendía menos del funcionamiento del cuerpo y se tenían ideas diferentes con respecto a lo que podía – o no – lograr usando distintos métodos. Esto, de la mano con la convicción de los nazis en la superioridad de su raza llevó a la creación de un proyecto destinado exclusivamente a la creación de un ser de “raza pura”

Lebensborn

Conocido como Lebensborn este proyecto le apuntaba a la creación de un individuo con habilidades sobrenaturales a partir de la eugenesia, esto es, de la mezcla consistente de personas con características consideradas idóneas. Se creía que, así como en la supuesta tierra perdida de Thule, el obtener un ser de raza pura permitiría obtener las habilidades súper humanas que se habían perdido al mezclarse con otras variantes “inferiores”.

Dicho experimento involucró voluntarios, pero en ocasiones personas que no estaban dispuestas a participar eran forzadas, manipuladas o incluso secuestradas. Servir al Reich no era una opción.

Los súper soldados

Como en la saga de Capitán América, los nazis estaban muy interesados en la creación de verdaderos superhombres, capaces de superar los límites del ser humano y de convertirse en la fuerza que llevaría a la victoria al ejército alemán. Se probaron varias maneras de obtener estos súper soldados:

Las drogas para el desempeño

A principios del siglo XX recién se comenzaban a extraer los alcaloides más potentes de la naturaleza. Sustancias como la cocaína o la morfina causaban curiosidad y aún no se conocían a profundidad sus terribles efectos. Por esta razón era algo relativamente sencillo usarlas en la creación de nuevas drogas que se supone incrementarían los poderes de las personas.

La más importante de aquellas drogas en la Alemania Nazi (cuyo desarrollo estuvo bajo la dirección de la Ahnenerbe) fue llamada D-IX y consistía en un coctel de cocaína, un estimulante potente conocido como pervitina y un poderoso analgésico llamado eucodal. De acuerdo con los estudios se esperaba que la droga disminuyera el hambre, la sed y la necesidad de sueño de la mano con un aumento en los reflejos, la fuerza, la resistencia y la velocidad. Una verdadera maravilla.

Algunos de los soldados en los que se probó la sustancia lograron recorrer la sorprendente distancia de 140 kilómetros antes de colapsar. Todos mostraron un considerable aumento en sus habilidades físicas y su resistencia, y pese a que algunos se volvieron adictos a la droga el programa se consideró un éxito. Solo la invasión de los aliados impediría que se produjera en masa.

Las prótesis de acero

De acuerdo con el relato de varios soldados de la avanzada norteamericana en Alemania en 1945, en este año se encontró una facilidad secreta alemana en la que se habían realizado horribles experimentos en prisioneros soviéticos. Los cuerpos de los desafortunados prisioneros se encontraron apilados, en distintas etapas de disección y con huesos que habían sido reemplazados por prótesis de acero, incluyendo uno que tenía costillas metálicas. De ser cierto, esto indicaría que los alemanes estaban buscando la manera de mejorar el desempeño de sus soldados e incluso de hacerlos inmunes a las balas.

Esta historia se encuentra en la frontera entre la evidencia y la especulación, pues la evidencia no es concluyente y se sabe que al menos una persona ha falsificado evidencia al respecto. De lo que no cabe duda es de que los nazis eran perfectamente capaces de realizar este tipo de cosas.

Los muertos en la Guerra

Una historia casi legendaria viene también del frente occidental, donde los aliados habrían capturado una fábrica de municiones en la región de Turingia en Alemania, puntualmente en el lugar conocido como Bernterode. Oculta en dicha fábrica habían 4 ataúdes con los nombres y cuerpos de Federico el Grande, Marshall von Hindenburg y su esposa. El cuarto estaba vacío y tenía el nombre de Adolf Hitler.

Según la historia que se cuenta, dicha facilidad se encontraba realizando experimentos orientados a resucitar a los muertos: como estos habían fallado habían decidido guardar los cuerpos de las personas más importantes para poder clonarlas o duplicarlas con las tecnologías del futuro y asegurar así la continuidad del Reich.

No era este el único interés de los nazis. Parece ser que los mismbros de Ahnenerbe también estaban activamente interesados en lo que podríamos llamar la creación de un ejército de zombies: una serie de monstruos capaces de atacar sin mente a los enemigos que tuvieran enfrente, muertos, ya no habrían de temer la muerte. Aunque suene fantástico, hay que pensar que no necesariamente estos “zombies” serían cadáveres: podía manipularse la mente de una persona viva para crear este monstruo. Los millones de prisioneros en los campos de concentración podían hacer una buena carne de cañón.

El alcance de Ahnenerbe

No cabe duda de que los miembros de la organización – así como los mismos líderes nazis – estaban convencidos de la importancia de estos proyectos y de su viabilidad. Desde convocar las fuerzas de lo oculto hasta cosechar los poderes que milenios de evolución habían brindado a los miembros de la raza pura, todos los proyectos se pensaban como una manera de poner la guerra del lado alemán.

Para bien o para mal, estos hombres fallaron. Sus hechizos y experimentos, sus esperanzas en la ansiada raza aria, su desarrollo de súper soldados no pudo contra la fría aritmética de los números: sus enemigos eran más fuertes que ellos y nada pudo evitar la derrota de Alemania.

Es posible que las fuerzas ocultas sean poderosas. Muy poderosas. Pero parece ser que no lo son tanto como el poder del hierro y de la pólvora.

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