De monstruos, dioses y demonios: Ahnenerbe, la Sociedad Oculta de los Nazis, parte 3

Complots y conspiraciones, Estudios y experimentos

Ya vimos cómo la sociedad secreta de los nazis buscaba no sólo probar que la raza aria era históricamente superior a las demás, sino construir su propia religión basándose en lo que ellos habían construido en torno a los orígenes de su raza y a rituales ocultistas, seguramente cimentados en antiguas tradiciones germánicas y nórdicas, que buscaban proveer de fuerzas sobrenaturales al Tercer Reich.

Como lo vimos en el primer episodio, se trataba de una organización que verdaderamente creía en la existencia de poderes sobrenaturales y estaba convencida de que estos podrían darle la victoria durante la Guerra. Pero no fueron solo antiguos manuscritos, runas o hechizos pronunciados en lenguas olvidadas, ni tampoco la búsqueda de la ciudad perdida donde los Arios recuperarían los poderes que les correspondían. No, también se hizo un esfuerzo consistente en crear u obtener súper ejércitos o poderes sobrenaturales por todo tipo de medios.

Las divisiones científicas de la Ahnenerbe

En su búsqueda de nuevas armas y su convicción en el poder de lo oculto los miembros de la sociedad comenzaron a buscar desenfrenadamente el conocimiento perdido ya fuera en antiguos documentos o en los restos de supuestas naves extraterrestres. También se comenzaron a estudiar varias teorías, la más importante de las cuales ya hemos visto aquí: la Teoría de la Tierra Hueca: bajo dirección del mismo Hitler se enviaron expediciones en busca de los agujeros en los polos y cuenta la leyenda que un submarino nazi fue capaz de ingresar por uno de ellos.

Pero no era solamente la teoría de la Tierra Hueca. Los nazis también analizaron la posibilidad de que la tierra hubiese sido creada por el choque de un trozo gigante de hielo con el sol, o de que hubieran varias lunas orbitándolo capaces de crear cataclismos apocalípticos cuando se alineaban de diversas maneras. Dichos conocimientos esperaban brindar el empuje decisivo para encontrar el secreto que permitiría la destrucción de los enemigos de Alemania.

Como lo haría la CIA algunas décadas después, Ahnenerbe también estuvo profundamente interesado en recolectar el poder de lo oculto creando soldados psíquicos capaces de matar con su mente o de infiltrarse en sueños en medio de las filas enemigas, o incluso de usar hechizos para defenderse de sus oponentes. Todo esto, aunque suene extraño, era un asunto muy serio para los nazis. Pero sería apenas el primer paso en su búsqueda de la victoria.

El “Instituto para la Investigación Científica Militar”

No se sabe exactamente cuándo quedó el Instituto bajo dirección de la Ahnenerbe, pero para 1941 ya estaba orientado al tipo de objetivos que buscaba la sociedad secreta. Sus investigaciones fueron desde lo verdaderamente científico (e inhumano) hasta lo más retorcido y macabro.

Los pilotos de la Luftwaffe

Una de las principales preocupaciones de los nazis eran los límites a los que estaban sometidos los pilotos de la Fuerza Aérea Alemana y la necesidad de determinar qué tan lejos podía llegar el cuerpo humano. Como ningún piloto se iba a prestar como voluntario para este tipo de estudios (y además su bienestar era prioritario para el ejército), los investigadores recurrieron a los prisioneros de los campos de concentración que fueron encerrados en cámaras de presión y sometidos a súbitos cambios simulando un avión que se eleva o cae rápidamente. Los estudios brindaron muchísima información a los alemanes, pero le costaron la vida a la gran mayoría de los hombres que hicieron parte de ellos. Se cuenta que cuando Himmler le propuso a Sigmund Rascher que se le conmutara la pena de muerte (inevitable) por la presión perpetua a los supervivientes de los experimentos, Rascher respondió que los rusos y polacos no merecían más que la muerte y rechazó tajantemente la propuesta.

Un experimento semejante se desarrolló con el objetivo de determinar qué tanto frío podría soportar un piloto cuyo avión había sido derribado sobre aguas heladas. En este caso se dejaba a los hombres desnudos en temperaturas heladas por 14 horas o se les introducía en agua helada por 3 horas, y cuando estaban inconscientes debido a la hipotermia comenzaban a ensayarse métodos de resurrección, el más bizarro de los cuales involucraba poner al hombre entre dos mujeres desnudas que también hacían parte de los prisioneros.

La píldora mágica contra la hemorragia

Uno de los productos más importantes desarrollados por el Instituto era llamado Polygal: realizada a partir de remolacha y pectina extraída de manzanas, se supone que permitiría la rápida coagulación de la sangre. Los experimentos destinados a probar la eficiencia del medicamento involucraban cortar o arrancar los brazos de los prisioneros sin anestesia para luego inocularles la sustancia o darles una cápsula de la misma. Pocos sobrevivieron a la hemorragia.

Los experimentos de Mengele

El famoso Josef Mengele (del que algo hemos hablado aquí), cómo no, también hizo parte de esta comitiva. Todos conocemos sus macabros experimentos en gemelos que involucraban infectara uno con enfermedades letales para ver si su hermano sufría síntomas o si podía curarse con la sangre del gemelo sano. Otros actos incluían cortar partes del cuerpo para injertarlas en el de su hermano y la creación de engendros siameses que no parecían tener más objetivo que alimentar la morbosa curiosidad del científico.

Jugando con la naturaleza humana

Pero no se trataba únicamente de entender el cuerpo, sino como lo dijimos en el episodio anterior, de manejar el alma del hombre y convertirlo en su máxima expresión. Desde la creación de un “ser puro ario” que tendría increíbles poderes hasta la búsqueda de la droga para crear el soldado perfecto, sobre estos intentos de superar la humanidad hablaremos en el último episodio.

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Fuente de imágenes: 1: voltairenet.org, 2: kidocs.org, 3: upload.wikimedia.org

De monstruos, dioses y demonios: Ahnenerbe, la Sociedad Oculta de los Nazis, parte 3


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