De cómo comer cerebros salvó a una tribu de la locura

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La perdida tradición del canibalismo

Natural para millones de personas hace menos de un milenio, el canibalismo es una de esas reliquias del pasado que se ha convertido en un verdadero tabú y en una fuente de horror… y para algunos (como el caníbal de Rotemburgo) de deseo oculto. Pocas sociedades en la actualidad son abiertamente caníbales, y las que lo son suelen ser reliquias de tribus nativas que poco a poco (lamentablemente) van desapareciendo.

Pero dentro de las tribus que suelen practicar el canibalismo ritual en la actualidad seguramente lo más común sea la ingestión de partes del cuerpo de los familiares fallecidos como una manera de entrar en contacto con su ser, con su alma, y de heredar su fuerza y sus virtudes. Aunque no es el caníbal en el que normalmente pensamos (que suele estar cocinando en una hoguera la cabeza de su última víctima), este canibalismo es actualmente mucho más común que su homólogo violento.

En las remotas selvas de Papúa Nueva Guinea una tribu conocida como los Fore lleva siglos realizando un ritual que involucra comer los cerebros de los miembros de la tribu que mueren. Esto, que horrorizaría a muchos, es (o era, pues en la mayoría de los lugares la tradición se ha perdido) visto como una manera de lograr un vínculo espiritual con el muerto.

Pero según una investigación reciente de un equipo conjunto de científicos de Inglaterra y Papúa Nueva Guinea comer cerebros hizo algo más que vincularlos a sus antepasados: brindó una inesperada resistencia a la tribu contra varias enfermedades cerebrales que producen demencia y locura.

La enfermedad de Kuru

De acuerdo con los datos disponibles, hacia 1950 (cuando el ritual era todavía algo común) casi el 2% de la población de los Fore moría anualmente como consecuencia de la enfermedad de Kuru, una enfermedad generada por un prion que se parece mucho a la conocida enfermedad de las vacas locas. Se trataba de un número escandaloso y por supuesto que representaba un duro golpe para las tribus.

Pero como una consecuencia inesperada de esta impresionante mortalidad estaba la creación de un gen capaz de evadir completamente la infección con el prion. A lo largo de siglos, quizás milenios, algunas personas habían generado esta mutación y la habían transmitido a sus descendientes, convirtiéndolos en inmunes a una dolencia que mataría a prácticamente cualquier persona alrededor del mundo.

El precio a pagar fue bastante alto, pero los resultados nos permitirían, por primera vez en la Historia, comenzar a trabajar en la creación de una cura para estas enfermedades y para otras dolencias degenerativas del cerebro como el Alzheimer.

La inmunidad generalizada

Sin embargo, el gen no defendía a los Fore únicamente contra la enfermedad de Kuru. Los hizo inmunes a toda una variedad de proteínas defectuosas y priones al punto que hoy no se conocen casos de demencia o Parkinson en los miembros ancianos de la tribu. En un magnífico caso de evolución darwiniana, un siglo de muertes por enfermedad cerebral convirtió las cabezas de estas personas en verdaderas fortalezas inmunes a la mayor parte de las enfermedades que hoy conocemos y tememos en occidente.

Afortunadamente no tendremos que pasar por un proceso semejante para conseguir la inmunidad. El hallazgo de los científicos podría permitirnos crear una nueva cura para estas dolencias que hasta el momento se consideran incurables y degenerativas.

Cuando nuestros nietos pregunten a qué se debió el hallazgo de la cura contra el Alzheimer, tendremos que decirles que fue gracias a una tribu de la selva que gustaba de consumir cerebros.

Fuente de imágenes: 1: clapway.com, 2: d1vn86fw4xmcz1.cloudfront.net

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