Curación por suicidio: la historia de hombre que intentó suicidarse y terminó sanándose de su enfermedad


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Trastorno Obsesivo Compulsivo

El Trastorno Obsesivo Compulsivo (OCD por sus siglas en inglés) es una enfermedad psicológica tristemente popularizada en Internet como algo casi jocoso. La gente piensa que el OCD consiste en molestarse al ver un patrón que no concuerda, o una pieza fuera de lugar.

En verdad, se trata de un problema extremadamente grave asociado a la necesidad de realizar acciones repetitivas, con pensamientos atemorizantes y episodios de delirio y terror. Muchas de las personas con este trastorno (en particular aquellas que tienen variedades particularmente “fuertes” del mismo) son incapaces de trabajar y desempeñarse en la vida cotidiana.

De hecho, la OMS considera el OCD como uno de los 20 trastornos mentales más discapacitantes.

Por esta razón, es fácil entender por qué una persona con esta dolencia estaría desesperada, al punto de querer terminar su propia vida.

George

El caso del que hablaremos hoy ocurrió de hecho hace varias décadas, en 1983 para ser precisos. Se trataba de un joven llamado George (su apellido no se reveló por cuestiones de privacidad) que estaba desesperado: su caso de OCD no le permitía vivir en paz, y pasaba su vida sufriendo. Un día le dijo a su madre que su vida no valía la pena, y que preferiría morir a seguir así. Seguramente pensando que se trataba de una bravatada, ella le respondió “Si tu vida es tan mala, pues pégate un tiro”.

Y esto fue precisamente lo que hizo.

George tomó una pistola y se pegó un tiro en la cabeza.

Tenía a la sazón 19 años. Fue llevado de emergencia al Hospital y milagrosamente, pese a tener considerables heridas en el cráneo, no había sufrido mayores daños. Se recuperó con relativa velocidad y tres semanas después fue trasladado a otro centro donde sería tratado por el Dr. Leslie Solyum.

Recuperación

Su recuperación fue bien al principio, y pronto el doctor Solyum notó algo curioso.

Los patrones y comportamientos repetitivos se habían ido.

El caso era inexplicable. Aunque pareciera imposible, todo indicaba que el disparo había destruido exactamente la parte del cerebro que causaba los problemas y había dejado el resto intacto (para ser específicos, el lóbulo frontal). Hubo fragmentos que fue imposible extraer completamente, y por lo tanto fue forzoso dejarlos ahí.

Un caso en un millón. O mejor, un caso en mil millones. Pero funcionó.

George se mejoró. No perdió habilidades de habla, motoras ni sociales. De acuerdo con los análisis que en él se realizaron tampoco disminuyó ni un punto su Coeficiente Intelectual. Con su recién ganada libertad (pues logró destruir sus fantasmas, que por años lo habían perseguido) pudo por fin concentrarse en sus estudios y pasó a la Universidad.

Se convirtió en poco tiempo en uno de los mejores estudiantes y además de pequeñas “recaídas” (como la necesidad de verificar que los platos estén perfectamente limpios luego de lavarlos) no volvió a tener problemas con el OCD. La última información que se tiene del paciente es de 1988, y en este momento su vida iba mejor que nunca.

Dicen que la vida no da segundas oportunidades. El caso de George prueba que a veces sí las da, y son bastante buenas.

Bibliografía:

  1. http://knowledgenuts.com/2014/10/17/how-a-gunshot-wound-cured-one-mans-ocd/
  2. http://www.nytimes.com/1988/02/25/us/brain-wound-eliminates-man-s-mental-illness.html

Imágenes: 1: knowledgenuts.com, 2: youtube.com

Curación por suicidio: la historia de hombre que intentó suicidarse y terminó sanándose de su enfermedad
19 diciembre, 2017
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