Cuentos de terror. La sombra, por Sherezade

Relatos de terror

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La sombra

Martín siempre había sido un solitario. Desde su más tierna infancia, tuvo problemas para relacionarse con otros niños. Su timidez unida a su baja autoestima, hacían de él un pobre pelele. Siempre accedía a los deseos de los demás antes de se, pensando que con ello ganaría su amistad, los otros se mofaban de él y le sacaban lo que querían.

En vida de sus padres, preocupados por Martín le llevaron al mejor psicólogo de la ciudad.

-¡Es un problema de autoestima, en cuanto crezca irá cambiando!-respondió el doctor.

Y ahí estaba él, cabizbajo como siempre, sin haber cambiado nada.

-¿Por qué se aprovechan de mí?-se decía. Sólo busco amistad. A la muerte de sus padres, éstos, le legaron el hermoso apartamento donde residía y una buena suma de dinero en el banco. Trabajaba para una multinacional, pero su jefe era una persona zafia y arrogante, que le tenía trabajando doce horas por un mísero sueldo. Pensó pedirle un aumento pero nunca lo llegó a decir ya tenía temor a ese hombre. Incluso la portera de su edificio, una viuda de mediana edad, le cortejó hasta que tuvo su primera relación sexual con ella. Estaba emocionado, al fin alguien le quería y, a la mañana siguiente bajó hasta la portería con un hermoso ramo de rosas para ella

-¿Crees que me importas algo?-dijo la mujer.

¡Cómo no me entregues mañana en un sobre la mitad del dinero que tienes en el banco, te denuncio por violación!-replicó con sorna.

Martín, hundido y abochornado salió en dirección al banco y regresó a la portería para entregarle un sobre con el dinero.

En esas cavilaciones se encontraba Martín cuando se sentó en un banco del parque, no se percató de la presencia que tenía a su derecha hasta que oyó:

-¡Hola Martín, se lo que te ocurre!-dijo una voz grave.

Martín volvió la cabeza y observo que lo que estaba a su lado era una sombra.

-¿Quién eres?-preguntó asustado.

-Soy tu sombra, y como es obvio, no moverás un dedo contra los que se aprovechan de ti. Por eso lo haré yo mismo-replicó la sombra. Y diciendo esto, desapareció.

Martín estaba estupefacto, no era posible, las sombras no hablan ni tiene voluntad propia.

Preocupado se dirigió a su casa y en la entrada del portal se encontró con un gran revuelo.

-¿Qué ocurre?-preguntó.

-Han asesinado a la portera-contestó un vecino.

Se acercó a mirar y casi vomita ante semejante espectáculo. La portera estaba sentada en su silla con una estaca clavada en el corazón y lo que antes eran ojos se convirtieron en dos cuencas vacías chorreantes de sangre.

Blanco y medio mareado, subió a trompicones hasta su casa y cerró la puerta tras de sí.

Se encaminó hacia el baño y escuchó la misma voz de momentos antes.

-¿Qué te parece, Martín? Le he dado un buen escarmiento a esa fulana-dijo mientras extendía a éste el sobre con el dinero.

.

Martín salió del baño apresuradamente y al volver, la sombra había desaparecido. Pasó un noche pésima, sin apenas dormir y llena de pesadillas. A la mañana siguiente se encaminaba hacia el trabajo cuando vio varias ambulancias y policía en la entrada del edificio donde trabajaba.

-¿Puedo entrar? Trabajo aquí-dijo Martín.

-Me parece que va a ser imposible, se ha cometido un asesinato-dijo el policía.

-¿Sabe de quién se trata?-pregunto Martín.

-Lo siento, no puedo decirle más-replico el agente.

Al cabo de cinco minutos bajaban en una camilla un cuerpo cubierto con una manta, una ligera brisa se levantó, he hizo caer al suelo lo que le cubría. Martín se llevó las manos a la boca ahogando un gemido. Era su jefe, aquél que tan mal le trató, estaba atado con una gruesa soga por los pies y de su cuerpo no había ni un milímetro de piel. Estaba completamente desollado, con los músculos al aire, el rostro era una mezcla de sangre y tendones y su cuerpo estaba cosido a puñaladas.

No es posible, pensó Martin y se dirigió a un bar. Antes de entrar le dijo la voz:

-¡Tendrías que probarlo Martín, si en el fondo es lo que estás deseando!

-¡No, maldita sea, no soy un asesino!-y diciendo esto salió corriendo hacia su casa.

Cerró a cal y canto y no salió de ella en varios días. Tenía pesadillas sobre asesinatos de personas que conocía a los que desmembrara y gozaba con ello. Cierta noche en la que no podía conciliar el sueño le hablo la sombra:

-¡Reconoce Martín, que disfrutas con ello!-dijo

-¿Qué disfruto con qué?-pregunto.

-Con los crímenes que has cometido. Porque siempre has sido tú. Tu imaginación, me creo para exculparte pero vete al armario de la habitación y ábrelo-dijo. Se levantó y al abrir el armario encontró cuchillos, hachas, bisturíes, todos ensangrentados.

Se volvió medio loco no podía ser verdad el jamás había hecho nada a nadie, aunque a su mente comenzaron a venir como flashes imágenes de la portera cuando le sacó los ojos, su jefe implorando clemencia, aquél guarda al que rajó de arriba abajo y varios crímenes más.

Tan desesperado estaba que no se lo pensó dos veces. Saltaré por la ventana y acabará todo esto mi cabeza va a explotar y…sin ningún preámbulo, abrió la ventana y se dejó caer al vacío. Mientras caía la sombra apareció y le dijo

-¿De veras creíste que había sido tú?-dijo.

Siempre has sido un maldito cobarde y como cobarde morirás. Martín no tuvo tiempo de abrir la boca, ya que en ese instante su cabeza pegó contra el asfalto esparciendo sus sesos por todo el suelo y reventándose por dentro. Enseguida vino un grupo de personas para ayudar, pero nada se pudo hacer ya por él. Sólo una risa macabra resonó en toda la avenida y un ser oscuro caminando en dirección contraria.

Relato cedido a Tejiendo el Mundo por Sherezade (Todos los derechos reservados por la autora)  www.sherezade-mimundointerior.blogspot.com

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Bibliografía

El pensante (12 febrero, 2009). Cuentos de terror. La sombra, por Sherezade. Bogotá: E-Cultura Group. Recuperado de https://www.elpensante.com/cuentos-de-terror-la-sombra-por-sherezade/