Cuando la Ciencia se equivoca: la peculiar historia de los “Rayos N”

Ciencia, Curiosidades, Historia

Este fue uno de los resultados del experimento en el que Blondlot “demostraba” la existencia de dichos rayos

Rayos X

Todos conocemos hoy los rayos X, ampliamente usados en la medicina y fundamentales para la comprensión tanto de nuestros cuerpos (bueno, nuestros huesos) como del Espacio. Estos rayos fueron descubiertos casi por casualidad en 1895 por el científico británico William Crookes e hicieron parte de una serie más amplia de descubrimientos que incluyeron la radiación, los rayos ultravioleta y los rayos catódicos.

En aquel entonces aún no estaba muy clara la naturaleza de estas radiaciones y se esperaba que nuevas fuesen apareciendo conforme la ciencia avanzaba. Así, todo estaba predispuesto para la aparición de los enigmáticos Rayos N: un tipo de radiación sorprendente, descubierta por un científico francés y verificada por muchos otros alrededor del mundo… hasta que finalmente se descubrió que no existían.

Veamos:

Orígenes

Los Rayos N fueron “descubiertos” por Prosper-René Blondlot, un reputado científico francés que buscaba determinar si los rayos X podían polarizarse. Sus descubrimientos lo llevaron a determinar que existía una nueva forma de radiación que emanaba de muchos cuerpos (incluidos los seres humanos) y que podía canalizarse en forma de una chispa.

Su descubrimiento resultó sensacional y en pocos meses más de 120 científicos habían publicado unos 300 artículos en los que corroboraban los hallazgos de Blondlot. Incluso pudo determinarse que algunos materiales específicos – como la madera verde o ciertos metales – no generaban el misterioso rayo.

Descubrimiento de la farsa

No fue hasta casi dos años después que un reputado grupo de científicos comenzó a mostrar escepticismo. Tras ser incapaces, pese a sus esfuerzos, de replicar los experimentos, los científicos decidieron enviar a Robert W. Wood, un reputado físico norteamericano reconocido por su habilidad desmontando farsas.

En efecto, pese a que Wood modificó subrepticiamente las condiciones del experimento en todas las circunstancias los resultados seguían siendo positivos. Al ser estos obra no de la medición de algún instrumento, sino del ojo humano, era fácil confundirse y ver algo donde no lo había.

La conclusión fue simple: los científicos no habían visto nada particular, sino que habían empalmado sus resultados con sus expectativas. A esto, y nada más, se debía la existencia de los Rayos N.

Aunque sucedió hace más de un siglo, esto suele mostrarse como prueba de que la comunidad científica también se equivoca, y en ocasiones en masa, pero también que en el mismo método suele hallarse una solución al inconveniente.

Aún cuando esta sea bastante demorada.

Imagen: wikipedia.org

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