CUANDO ESCASEAN LAS ALMAS, por Six. Cuentos y relatos de terror

Relatos de terror

Cuentos y relatos de terror pertenecientes al concurso La fiesta de Orfeo.

Relato nº6

CUANDO ESCASEAN LAS ALMAS, por Six

Tras un año de rumores y nervios, finalmente y cuando menos lo esperábamos, llego el momento de los recortes. Nunca pensé que la situación económica pudiese trascender al negocio de las almas, pero como todo, ellas también tienen un precio.

Desde mi puesto de adjunto a dirección, mes a mes, cuando hacía inventario, veía como la curva de salidas mantenía su ritmo, o incluso crecía, y la de devoluciones bajaba, primero lentamente y al final en picado. Hasta entonces a diario, y con toda la buena fe, entregábamos millones de almas recién revisadas y puestas a punto, a pequeños retoños que la recibían inmaculada para disfrutarla, con el compromiso implícito de devolverla años después, cuando el cuerpo dijera basta. Si bien es cierto que el estado en el que las devolvía variaba mucho de un caso a otro y, en general, dejaba mucho que desear, la cosa es que, prácticamente en su totalidad, volvían. Ahora la cosa era bien distinta y el porcentaje de cuerpos sin alma que se registraba cada día crecía alarmantemente, tanto que, llego un punto en el que la dirección comenzó a buscar medidas para evitar la bancarrota.

Al principio les pareció que con una buena campaña de marketing la tendencia podría invertirse. Tiraron de los mejores profesionales para tratar de concienciar a la población, una versión etérea del “Reduce, Reuse, Recycle” tan en boga en estos tiempos. Pero de nada valió. Leviatán se las llevaba de calle; era un verdadero saldo. Bastaba un empleo en precario o la promesa de pago de un semestre de recibos para llevarse el espíritu de los más débiles, o añadir una buena bajada de la cuota de la hipoteca y salvarse del ERE para captar a los que se aferraban a su espectro.

El fracaso fue absoluto. El departamento de recepciones constataba que el porcentaje de cuerpos que llegaban a los que le faltaba el alma seguía creciendo de manera inexorable y las existencias bajaban a límites tan preocupantes como históricos.

Finalmente la mano dura se impuso, pero no de manera generalizada. Tratando de actuar en justicia, se decidió establecer zonas críticas, entendiendo como tales, tras un costoso estudio de más de 1.000 folios, aquellas en las que el factor de retorno estaba por debajo del 37,8%. Tras introducir los datos en el ordenador, tres luces se encendieron en el mapa, pero, dada lo novedoso de la iniciativa que se pretendía llevar a cabo y lo crítico de su repercusión y consecuencias, la alta dirección se decantó por implantar un piloto en una de ellas y, en función de los resultados del mismo, resolver que hacer con las otras dos que ya brillaban en el planisferio y las que, muy previsiblemente, siguieran encendiéndose.

Eso nos lleva hasta Montrove, un pequeño pueblo en el ayuntamiento de Oleiros, en la provincia de La Coruña, en el húmedo, verde y venteado noroeste de la península Ibérica. Las instrucciones eran claras: por cada alma que se le entregase a un habitante de dicho lugar, habría que asegurar el retorno de otra. Un ojo por ojo, diente por diente llevado al alma por alma. Meses de deliberación y arduas jornadas con expertos en BPR culminaron con el último grito en procesos de gestión de almas.

La cosa era sencilla, la llegada al mundo de un nuevo ser supondría para sus padres un crucial dilema, ya que ellos mismos tendrían que proporcionar un cuerpo con alma si querían que su hijo, además de 5 dedos en cada mano estuviese dotado de un corazón con alma. De otra manera tendrían la certeza de procrear un desalmando, condenado a serlo a perpetuidad. Además el titular de dicho cuerpo tendría que haber firmado voluntariamente un consentimiento explícito para someterse al canje de manera totalmente desinteresada, ya que no cabía ofrecer contrapartida alguna.

Transcurridos dos meses tras la implantación se constató que, además de reducirse la natalidad en un 25%, seguramente esperando la llegada de épocas mejores, a la hora de la verdad, pocos estaban dispuestos a semejante sacrificio, incluso por un nieto, hermano, hijo. Realmente, nadie podía censurar el hacer uso del natural y animal apego a la vida inherente a todo ser humano.

Con todo, la dirección de Animas S.A, estaba encantada con los resultados, Los números hablaban por si solos. Seis meses después, una fría mañana de lunes, J.F, el project manager de la consultora encargada del estudio, exponía ante el consejo los resultados. Con la resolución que da la confianza de tener un buen PowerPoint en la manga, extendió los brazos para acoplar el USB de su mini portátil de última generación al proyector, dejando a la vista de los presentes unos delicados puños blancos en los que lucía unos magníficos gemelos de platino. Comenzó la proyección y tras los prolegómenos de rigor llegó satisfecho a las cifras expuestas en vistosos diagramas de barras y quesitos con sectores multicolor. Los datos simples:

La demanda había bajado un 27% lo que suponía idéntico porcentaje en la caída de las salidas, de las cuales se constataba un 35% de entregas con retorno pactado (un 20% porque uno de los progenitores cedía su alma a su vástago y un 15% adicional protagonizado por un abuelo o cualquier otro familiar o allegado altruista), y el 65% restante de los casos los neonatos eran, simplemente, unos desalmados.

Ese mismo lunes, y sin más consideraciones, el consejo decidió expandir gradualmente y en secreto la implantación del procedimiento, que para entonces se conocía como RENA-CER (Reducción de Entrega de Nuevas Almas – Criar Exige Reponer), en el resto de los puntos críticos.

Pocos años después, cuando la crisis y RENA-CER no solo estaban superados sino también olvidados, un extraño e inexplicable fenómeno comenzó a darse en Montrove, un pequeño pueblo sin mayor significación hasta entonces, los niños de primaria mostraban una total falta de escrúpulos en su proceder, lo que les llevaba a utilizar una violencia sin precedentes que llegaba casi siempre al uso de la violencia extrema para obtener sus objetivos. Los casos en los que se cobraban la vida de sus mayores argumentando como móvil no hacer los deberes, acostarse una hora más tarde, ver un programa de TV, utilizar un teléfono móvil, ocupar un asiento, vestir la última moda o jugar con la consola en el momento que considerasen oportuno.

Mientras los más ilustres psicólogos elaboraban rápidamente una teoría basada en la falta de dedicación de los padres, la presión social y la incapacidad de los hijos para interiorizar valores, los adultos morían a manos de unos niños que, al amparo la ley del menor, pronto disfrutaban de la libertad que les permitía alargar su rastro de sangre. Solo J.F. y alguno de los miembros del Consejo que conocieron los términos últimos de RENA-CER encontraban explicación a aquel fenómeno, para entonces ya imparable.

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