Civilización y catástrofe: apocalipsis ambientales en la Historia, parte 2

Apocalipsis, Arqueología, Historia

En la primera entrega de esta serie nos encontramos con una civilización antigua que desapareció en torno al año 1250 d. C.: los “Anasazi” o sencillamente los antiguos. Habitaban el suroccidente de los actuales Estados Unidos y construyeron impresionantes edificaciones en los cañones de los ríos. Su agricultura hacía un excelente uso de las fértiles tierras desérticas y ayudó a su ascenso, pero con el tiempo, el exceso de población y la creciente presión sobre los recursos llevó al colapso de su sociedad. Sin embargo (y casi que por milagro) los Anasazi fueron capaces de abandonar la región en paz: pocos registros de guerras o muertes masivas existen en las fuentes arqueológicas.

¿Qué sucede cuando las sociedades no tienen a donde marcharse? ¿Cuándo, para bien o para mal, están atrapadas en su región? Esto fue precisamente lo que ocurrió en la Isla de Pascua, ese enigmático territorio donde se encuentran los gigantescos moái (cabezas gigantes).

Rapa Nui: auge y colapso de la isla de Pascua

La isla de Pascua fue poblada por exploradores polinesios en torno al año 400 d. C., quienes la denominaron “Rapa Nui”. Esta peculiar cultura se había construido en torno al dominio de las corrientes marítimas del gigantesco pacífico sur, y sus sociedades vivían en recorridos itinerantes en medio del océano. Construían gigantescas canoas donde podían almacenar alimentos y agua dulce, vivían de la pesca y podían durar meses mar adentro antes de buscar tierra firme.

Sin embargo, cuando los polinesios se encontraban con una masa de tierra de buen tamaño, apta para la vida humana, en general desembarcaban de sus canoas y la colonizaban de manera permanente. Por supuesto, sus gigantescas canoas seguían rondando los mares, en busca de alimentos y comercio con otras sociedades, pero en regiones tan alejadas como Pascua o Hawái el contacto con otros se perdió parcial o totalmente.

El principal misterio de la Isla de Pascua es el de sus gigantescas esculturas, las cuales han asombrado a los científicos por siglos. La pregunta respecto a cómo pudo una sociedad tan alejada construir y levantar estas impresionantes moles ha llevado a proponer teorías como la ayuda de alguna civilización desconocida o, incluso, de seres extraterrestres. Pero la respuesta parece ser mucho más sencilla: las gigantescas cabezas pudieron levantarse en un ambiente árido y carente de árboles… porque no era árido y carente de árboles. Poleas, tablas y palancas pudieron usarse con estos propósitos antes de que la carrera por la explotación de los recursos acabara con toda la cobertura forestal de la isla.

De acuerdo con la leyenda, los polinesios habrían llegado a la isla tras el hundimiento del misterioso continente Hiva, el cual aún no ha sido identificado por los científicos. Lo cierto es que la población que llegó en torno al año 400 o 500 d. C. estaba constituida por relativamente pocos individuos, que organizaron una confederación de clanes bajo el dominio de un rey o Ariki. A lo largo de los años la sociedad se desarrolló gracias al buen clima de la isla, a la abundancia de recursos terrestres y marinos y a la buena organización política.

Hacia el año 1000 d. C. la isla había crecido de manera exponencial. El culto a los ancestros, representados en los Moáis, se había convertido en la religión isleña, y habitaban junto con los agricultores una importante casta sacerdotal y de dirigentes, cuyo desarrollo fue tal que crearon el único sistema de escritura en toda la Polinesia. Esta casta sacerdotal dirigía la construcción y el transporte de los Moáis bajo la dirección de los líderes de los clanes.

La ausencia de un verdadero rey en la isla (pues el poder Ariki era más simbólico que real) evitó que se pusiera cota a las rivalidades tribales. Embebidos en una carrera más cultural que militar, los líderes de los clanes comenzaron a construir cada vez más Moáis y a desarrollar más profundamente la cultura de la isla. La población siguió aumentando y en torno al año 1200 d. C. se alcanzó una cúspide de desarrollo que duraría por otros 300 años. En este periodo la isla se caracterizaba por una rica vida cultural, abundancia material y cierta estabilidad política.

Entonces sobrevino la catástrofe.

La crisis de la sociedad isleña

¿Por qué una sociedad sobrevive 300 años y luego, de pronto, se derrumba? Las respuestas varían, pero parece ser que, al igual que en el caso de los Anasazi, la respuesta puede encontrarse en los cambios climáticos. Los isleños, acostumbrados a un régimen de lluvias más abundante, colapsaron cuando éste disminuyó.

En el pico de su desarrollo, las estimaciones indican que la isla tenía entre 8 y 30 mil habitantes, siendo más probable un número medio en torno a los 12 o 15 mil. Cuando los polinesios arribaron a la isla, se encontraron con una densa selva de palmas gigantes que servían como leña, como madera de construcción y como material para las canoas. Al parecer, el punto cúspide de la civilización vino con la deforestación de los bosques de palma, los cuales comenzaron a disminuir su densidad cada vez más rápido, y una vez se superó un punto de quiebre la destrucción de las selvas fue seguramente cuestión de años. Y en este punto, la sociedad de rapanui de la isla de Pascua tenía los días contados.

Lo primero fue la erosión. Los nativos jamás habían pensado que sin la cobertura forestal los fuertes vientos del pacífico dificultarían enormemente la agricultura. Lo segundo fue un daño colateral de la deforestación: de improviso fue imposible construir nuevas canoas, y los nativos perdieron de un día para otro su principal fuente de proteína. Lo tercero fue la crisis energética. Sin madera, no se podía cocinar… ni transportar las estatuas. Con la crisis vino el hambre. Pero al contrario que los Anasazi, los isleños no podían abandonar su isla en búsqueda de alimentos. Con la deforestación aniquilaron su última posibilidad de escapar.

Y con el hambre, vino la guerra.

Los comunes se rebelaron contra sus dirigentes. Los hombres y mujeres se escondían en las cuevas, para evitar la muerte, pero incluso allí eran perseguidos, asesinados e incluso devorados. El hambre y la guerra se cobraron entre el 60% y el 95% de la población de la isla, la cual no superaba los dos mil habitantes cuando la encontraron los europeos.

Pero incluso en un apocalipsis como éste sobrevive la esperanza. Con palos y cuerdas los isleños lograron construir algunas barcas pequeñas, que aunque incapaces de navegar mar adentro, les permitieron pescar en el litoral y las apacibles aguas en torno a la isla. Con rocas cubrieron el suelo y lograron salvar lo que quedaba de los cultivos, dando origen a un nuevo modelo agrícola que sustentaría las poblaciones por venir. Sin embargo, la gloria de la sociedad rapanui se había evaporado.

¿Qué podemos aprender del colapso de la isla de Pascua?

Al igual que la isla de Pascua, nuestros recursos son limitados. El colapso de nuestra civilización no presentará un éxodo pacífico, al contrario, estamos aquí para quedarnos (al menos por otras dos generaciones). El dramático descenso demográfico de la isla demuestra que una vez la crisis comienza, el descenso puede ser rápido y fulminante. Y que en ausencia de fuentes alternativas de recursos, el hambre y la guerra son casi inevitables.

Al igual que suroccidente norteamericano, Pascua es una región semiárida, con precipitaciones fluctuantes pero que no garantizan un proceso rápido de reforestación. Por esto es que la crisis de estas dos regiones fue tan dramática. Pero en un contexto de clima cambiante, ¿no enfrentamos nosotros el mismo peligro?

Pero Pascua también ilustra un punto de esperanza. De que, sin importar las circunstancias, una vez se alcanza un nuevo punto de equilibrio la humanidad vuelve a alzarse, se adapta a las circunstancias y genera nuevas maneras de vivir. Y, por qué no, aprende de sus errores para garantizar que sus descendientes no tengan que pasar por una crisis semejante.

Y ustedes, ¿creen que nos daremos cuenta antes de llegar al límite? ¿O tendremos que sufrir una crisis semejante para poder darnos cuenta de las cosas que hay que cambiar?

Fuente de imágenes: 1: static.latercera.com; 2: juliatours.com.ar; 3: upload.wikimedia.com; 4: static.blogo.it

Civilización y catástrofe: apocalipsis ambientales en la Historia, parte 2

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Bibliografía

El pensante (21 mayo, 2015). Civilización y catástrofe: apocalipsis ambientales en la Historia, parte 2. Bogotá: E-Cultura Group. Recuperado de https://www.elpensante.com/civilizacion-y-catastrofe-apocalipsis-ambientales-en-la-historia-parte-2/