China, la Guerra del Opio y el Siglo de Humillación, parte 3

Historia

Nerbudda: el primer navío hundido por los chinos

La Primera Guerra del Opio: el final

La Campaña de la Costa

Terminamos nuestro artículo anterior con la salida del Superintendente Elliot y la llegada de Henry Pottinger, un británico mucho más comprometido con la destrucción del Imperio Chino y su sometimiento definitivo al poderío del Imperio Británico.

La caída de la ciudad de Amoy había sembrado el temor entre la administración imperial y hecho consciente al Emperador del verdadero peligro que representaban estos bárbaros de occidente. Si bien los británicos en últimas que se retiraron de la ciudad, en esta batalla fueron destruídos 26 navíos chinos y 128 cañones, y parte importante del armamento chino había quedado en manos británicas. Pero los británicos, cuyas armas eran significativamente superiores a las chinas, optaron simplemente por tirar los cañones al río.

En los últimos seis meses del año de 1841 ocurrieron diversas escaramuzas, con algunas victorias chinas pero importantes avances estratégicos de los británicos. Quizás el incidente más famoso de este periodo de la guerra fue el hundimiento de dos navíos británicos: el Nerbudda y el Ann: los soldados capturados en estos enfrentamientos fueron trasladados a Taiwán, donde morirían ya fuese ejecutados por orden del emperador o debido a los malos tratos recibidos en cautiverio. El incidente motivaría aún más a los británicos a continuar la guerra.

Pero unas pocas victorias chinas no cambiaban la realidad de la guerra. La flota británica ya tenía control sobre gran parte de la costa central de China, incluyendo Hong Kong, Chusan y Ningbo. Y pese a sus esfuerzos, el Emperador seguía recibiendo información falsa sobre la amenaza británica, que a estas alturas ya era un peligro no sólo para las costas chinas, sino para la supervivencia misma del Imperio.

La campaña del río Yangtsé

Con la costa segura, los británicos estaban listos para lanzar al interior del país. El objetivo era destruir la economía china con un rápido avance de la armada a lo largo del río Yangtsé, arteria principal del Imperio.

25 barcos de guerra y 10.000 hombres fueron posicionados en la ciudad de Ningbo y la bahía de Zhapu en mayo de 1842 con este propósito. Su avance fue rápido y en una serie de sucesivas victorias conquistaron las ciudades de Wusong y Baoshang, así como la importante ciudad de Shanghai. Dentro de las ciudades capturadas se encontraba parte importante de los impuestos recolectados por el Emperador, por lo que esto implicó un duro golpe a las finanzas del Imperio.

La disciplina y el armamento británicos no tenían comparación con sus contrapartes chinos. En la batalla más sangrienta de la guerra, la batalla de Chinkiang, los británicos perdieron apenas 36 hombres. Sería la batalla en que más hombres perdieran de toda la guerra. En esta batalla los invasores conquistaron la importante ciudad de Zhenjiang, paralizando el Gran Canal y con ello estrangulando la economía china y su capacidad de distribuir grano a lo largo del imperio. Tras esta serie de victorias marcharon a la ciudad de Nankín, cuya captura habría sido un duro golpe para el Emperador.

La Batalla de Chinkiang

El Tratado de Nankín

China estaba derrotada. El emperador, consciente de que no podía demorar lo inevitable, envió una delegación para negociar con los británicos en Nankín.

Esencialmente, el Tratado de Nankín anuló el sistema de comercio que hasta entonces estaba en funcionamiento y obligó a los chinos abrir nuevos puertos comerciales, puertos en los que los comerciantes europeos podrían negociar con quienes ellos quisieran. Shameen, Amoy, Fuzhou, Ningpo y Shangai serían los primeros de estos puertos, pero habría más por venir en el futuro cercano. Asimismo, Hong Kong le sería entregado a los británicos a partir de este momento.

Además de ello, el gobierno de la Dinastía Qing estaba obligado a pagar al gobierno británico seis millones de dólares de plata por el opio confiscado en 1839, tres millones en compensación a los comerciantes británicos en Cantón y otros 12 millones por reparaciones de guerra.

El Tratado de Nankín fue el primero de los que serían bautizados en China como los “tratados desiguales”, una serie de pactos que le fueron impuestos al gobierno de ese país y que beneficiaban a las potencias occidentales.

Curiosamente, el tema del opio ni siquiera se trató en este tratado, pues ambos gobiernos estaban interesados en negociarlo a profundidad y sabían que no podrían hacerlo con la premura que requería la finalización de la guerra. Este seguiría siendo un problema para la diplomacia de los dos países y llevaría a la Segunda Guerra del Opio, la cual terminaría de debilitar definitivamente a la otrora orgulloso potencia china.

El Tratado de Nankín

El interludio

China, humillada, no podía hacer nada para evitar la supremacía de las potencias europeas, y se vio obligada a ceder posteriormente en tratados firmados con Francia y con los Estados Unidos.

Sin embargo, el gobierno chino no se resignaba a permitirle a extranjeros controlar su territorio, y seguía imponiendo su ley a lo largo y ancho de los puertos comerciales. En ocasiones esto significaba capturar a ciudadanos británicos o sujetos chinos al servicio de ciudadanos británicos, a veces con razón y a veces sin ella, causando indignación entre los representantes del Reino Unido.

En una ocasión, en 1847, los británicos tomaron por sorpresa a la ciudad de Cantón tras un ataque no provocado contra algunos ciudadanos de ese país. El incidente sirvió para recordar a China que sus soldados estaban en una desventaja impresionante y que debía moverse con cuidado en lo que refería a enfrentarse a las potencias occidentales.

La Segunda Guerra del Opio

El incidente del navío Arrow

En octubre de 1856 se las autoridades chinas detuvieron a la tripulación de un barco de mercaderes chinos llamado el Arrow. Este barco viajaba con la bandera británica y había comprado su licencia en Hong Kong, por lo que su captura fue vista como un ataque a los intereses británicos en el comercio de la región.

Tras una queja formal ante el virrey de Liangguang, Ye Mingchen, los británicos pasaron a exigir la inmediata liberación del barco y de los prisioneros. Ye, sin embargo, liberó únicamente a nueve de los prisioneros y mantuvo control sobre el barco.

En consecuencia, los británicos, aliados con los norteamericanos, atacaron la ciudad, destruyendo 23 navíos chinos y plantando la bandera estadounidense en la residencia de Ye. Todo indicaba que de nuevo habría una guerra entre el Imperio Británico y el Imperio Chino. Sin embargo, la rebelión que aquel año estalló en las colonias indias de Inglaterra forzó a este país a enviar tropas a la India y dejar a los chinos tranquilos.

El incidente del misionero francés

Entretanto, Francia, el otro gran poder colonial, también estaba en proceso de tomar represalias contra China por la ejecución del misionero Auguste Chapdelaine en la provincia de Guanxi. Por supuesto, Inglaterra y Francia también estaban profundamente interesadas en el comercio de opio y en general en la apertura de China para todo tipo de negocios. Sin embargo, sería el incidente del misionero y el del navío los que les permitía actuar en consecuencia.

La muerte del Misionero Chapdelaine

La toma de Cantón

En diciembre en de 1857 un ejército conjunto franco-británico marchó a la ciudad de Cantón, amenazando con bombardearla si los prisioneros no eran liberados. Asimismo, este ejército tenía la función de hacer cumplir el pacto firmado quince años antes en el que se garantizaba la entrada a los europeos a la ciudad de Cantón. El virrey Ye optó por liberar a los prisioneros, pero se negó a dejar entrar a las tropas a la ciudad y por esta razón en el ejército decidió atacar en cualquier caso el puerto chino.

Al igual que en la Primera Guerra del Opio las tropas chinas, mal armas y pobremente entrenadas, no eran rival para las tropas europeas. Cantón, una ciudad de más de millón de habitantes, fue capturada por menos de 6000 soldados y con menos de 130 bajas por parte de los europeos.

Los tratados de Tianjin

Una vez más, China tuvo que ceder a las peticiones europeas y estadounidenses, abriendo más puertos comerciales, permitiendo el establecimiento de embajadas en la capital (que hasta entonces había sido cerrada a los extranjeros), garantizando el derecho extranjeros de viajar dentro del país, permitiendo la libre navegación en el río Yangtsé y, por supuesto, pagando una indemnización de guerra a los británicos de cuatro millones de taels y a los franceses de dos millones.

Pero la guerra no había terminado. El emperador Xiafeng no estaba dispuesto a ceder con tanta facilidad y en junio de 1858 ordenó al general mongol Sengge Rinchen la protección de los fuertes Taku cerca de la ciudad de Tianjin. Estaba claro que quería esposar a los europeos de una vez y para siempre. Además, poner embajadas en suelo chino implicaba aceptar la igualdad entre los bárbaros de occidente y el Imperio Celestial. Era algo inaceptable para cualquier emperador.

El Comandante Sengge Rinchen

Por primera vez que los europeos perdieron una batalla en suelo Chino. El 24 de junio de 1859 21 barcos y 2.200 soldados ingleses, acompañados de un número no especificado de soldados franceses, buscaron marchar a Pekín para acompañar a sus diplomáticos a las recién fundadas embajadas. Cuando el General Sengge se negó a permitir el paso de los soldados, autorizando únicamente a los diplomáticos, el ejército franco británico intentó tomar el fuerte, únicamente para ser rechazado y perder seis barcos frente a los cañones chinos. De no ser por el fuego aliado de una fragata estadounidense las pérdidas habría sido mucho peores.

Pero justo en este momento finalizó la rebelión en India e Inglaterra quedó con muchas más tropas a su disposición para lanzar una nueva invasión a China. Como imaginarán, las cosas no fueron muy bien para el emperador.

Pero de esto hablaremos en otro artículo.

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Imágenes: 1, 2, 3 y 5: wikipedia.org, 4: pagadiandiocese.org

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Bibliografía

El pensante (18 abril, 2018). China, la Guerra del Opio y el Siglo de Humillación, parte 3. Bogotá: E-Cultura Group. Recuperado de https://www.elpensante.com/china-la-guerra-del-opio-y-el-siglo-de-humillacion-parte-3/