¿Calentamiento global o glaciación? Sobre los temores de una nueva edad del hielo

Clima salvaje y naturaleza

Mucho se ha dicho sobre el lento calentamiento que ha caracterizado las últimas décadas de historia humana. Algunas predicciones alertan sobre un aumento de hasta 3 grados centígrados de temperatura, los cuales aumentarían el nivel del mar, afectarían el ciclo de las lluvias y en últimas pondrían en peligro a grandes sectores de la población humana.

Normalmente se afirma que este calentamiento se debe a la emisión de gases de efecto invernadero por parte de las actividades humanas, aunque algunos discuten este argumento afirmando que los volcanes emiten muchos más gases sin que afecten de igual manera el clima. Normalmente se arguye que junto con las emisiones viene una transformación de los ecosistemas encargados de absorber los excedentes de estos gases en la atmósfera y capturarlos en el suelo, lo cual también amenaza la sustentabilidad de las actividades humanas.

Muchos le apuntan al calentamiento global, junto con la destrucción de los ecosistemas, como el mayor peligro para la supervivencia de la civilización contemporánea. Sin embargo, nuevas evidencias empiezan a mostrar que quizás lo que viene no es un calentamiento, sino un enfriamiento de la superficie terrestre.

 

Pequeñas edades de hielo en la Historia

A lo largo de la historia ya se han dado estos fenómenos, causados no por las actividades humanas sino por la variación en la intensidad de la radiación solar. Sus consecuencias fueron variadas pero, entre otras, causaron crisis por la disminución de las cosechas y acabaron con algunas sociedades de frontera, como la colonia noruega de Groenlandia, que vio perecer a todos sus habitantes.

Por supuesto, el mayor y más espectacular ejemplo de esto son las grandes glaciaciones ocurridas hace algunas decenas de miles de años, pero episodios de tal magnitud no han vuelto a presentarse en tiempos históricos. Antes bien, a los dos últimos fenómenos de enfriamiento se les dio el nombre de pequeñas edades del hielo y las últimas (las más importantes de los últimos dos mil años y, así mismo, las mejor documentadas) ocurrieron entre los años 1250 y 1350 (principalmente en Europa) y entre los años 1550 y 1850. Una propuesta ubica una sola (y larga) edad del hielo, comenzando en 1300 y terminando en 1850, con picos y bajos de actividad.

La primera etapa de enfriamiento fue más bien corta y, si bien afectó las cosechas europeas, no tuvo consecuencias mayores más allá de la desaparición de la colonia noruega antes mencionada (cuyos habitantes fueron encontrados muertos en su totalidad) y la colonización de toda la isla por los inuit (o esquimales), tribus en guerra con los colonos nórdicos que estaban en plena capacidad de soportar esta nueva oleada de frío.

La segunda etapa no tuvo consecuencias de esta magnitud, pero afectó los cultivos a lo largo y ancho de la tierra ralentizando el crecimiento de la población y causando hambrunas periódicas que eran desconocidas unos siglos antes. Este es el mayor peligro de un enfriamiento global: la dramática reducción en la cantidad cosechada de los cultivos, principalmente en las regiones templadas.

 

¿Una nueva edad del hielo?

En la actualidad, científicos del Laboratorio de Propulsión a Chorro (JPL por sus siglas en inglés) de la NASA, en cooperación con el Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales (INPE) de Brasil, han reportado sistemáticas disminuciones de la actividad solar, indicando que la radiación emitida por el astro podría pronto superar el Mínimo de Maunder, esto es, los niveles emitidos en su punto más bajo durante la “pequeña edad del hielo”.

Para que se dé uno de estos fenómenos, es necesario que el sol mantenga una baja actividad por unos cuantos años, a lo sumo (tal como lo hizo durante el Mínimo de Maunder), lo que lleva a un crecimiento de las capas de hielo en las zonas ubicadas al norte y sur de la tierra. Esto, a su vez, lleva a que se refleje un porcentaje cada vez mayor de luz solar, retroalimentando el efecto y manteniendo bajas temperaturas por un largo periodo incluso cuando la radiación ha vuelto a la normalidad. Otro fenómeno que puede tener consecuencias semejantes es una gran erupción volcánica cuyas cenizas bloqueen un porcentaje de la luz que, de otra manera, llegaría a la tierra.

Lo cierto es que los científicos aun debaten sobre las consecuencias de este fenómeno, pues muchos argumentan que con la emisión actual de gases solo ralentizará el proceso de calentamiento, mientras que otros afirman que podría realmente disminuir la temperatura hasta en 2 grados centígrados. El problema no sería tanto este, sino cuando la radiación solar recupere sus niveles ordinarios, pues la combinación entre este factor y la sobrecarga de gases de invernadero en la atmósfera podría efectivamente aumentar la temperatura de la tierra a un ritmo tal que ponga en peligro la sostenibilidad de la humanidad, al menos tal como la conocemos.

De haber una nueva edad de hielo, los alimentos podrían aumentar dramáticamente de precio, poniendo en peligro la vida de grandes masas humanas en Sudamérica, África y el Sudeste Asiático principalmente. Estas regiones, al no presentar estaciones, también verían como muchos de sus cultivos no serían capaces de adaptarse a las nuevas temperaturas, disminuyendo su producción y amenazando la supervivencia de sus poblaciones.

La paradoja de la corriente del golfo

Incluso en la eventualidad de un aumento sostenido de la temperatura – digamos, de 2 o 3 grados centígrados – lo más probable es que las regiones ubicadas al norte del globo terminen por sufrir inviernos cada vez más duros. Esto se debe a que las razones por las que Europa occidental y la costa oriental norteamericana mantienen temperaturas relativamente cálidas en los meses de invierno no tienen que ver con la radiación solar, sino con corrientes marinas que traen aguas cálidas del ecuador, principalmente la corriente del golfo en el atlántico norte. De continuar con las tasas actuales, las temperaturas aumentarían el porcentaje de agua dulce en el océano (proveniente de los glaciares que lentamente se derriten), lo que causaría una disrupción de las corrientes y quizás su finalización, aislando el norte de las aguas cálidas del trópico. Este enfriamiento local podría – aunque es poco probable – desencadenar una pequeña edad del hielo en la región.

Lo cierto es que la temperatura de la superficie terrestre está cambiando aceleradamente y, ya sea un calentamiento o un enfriamiento, la humanidad tendrá que adaptar sus prácticas productivas a este nuevo contexto.

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Bibliografía

El pensante (10 mayo, 2015). ¿Calentamiento global o glaciación? Sobre los temores de una nueva edad del hielo. Bogotá: E-Cultura Group. Recuperado de https://www.elpensante.com/calentamiento-global-o-glaciacion-sobre-los-temores-de-una-nueva-edad-del-hielo/