Adwa: el día que África que derrotó a Europa, parte 2


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Preparativos

Terminamos el episodio anterior con la marcha del comandante italiano Oreste Baratieri, quien había lanzado su ejército de casi 20.000 hombres por las montañas de Etiopía para doblegar al Emperador Menelik II, último gobernante autónomo del continente africano.

La situación era crítica para los dos ejércitos. Etiopía estaba pasando por una sequía y era difícil conseguir alimentos, y Menelik sabía que no tenía mucho tiempo. Pero la situación italiana no era mejor y en el momento del conflicto apenas tenían alimentos para 4 días más.

Como mencionamos en el artículo anterior, Baratieri estaba convencido de que lo mejor era una retirada, pero sus segundos al mando le aseguraron que esto no sería aceptado por los altos mandos italianos. El General también sabía que pronto sería reemplazado, por lo que le interesaba tener el honor de ser el primero en brindarle a Italia una colonia en África. Su urgencia sería su perdición.

Menelik II, por su parte, necesitaba una derrota dramática de los italianos para poder acabar con sus pretensiones coloniales y sabía que tenía poco tiempo. Sin embargo, él conocía el terreno y era cuidadoso: sus planes eran atraer a los italianos a terrenos desfavorables y forzar un combate.

Afortunadamente para el Emperador, esto no sería innecesario. La irresponsabilidad italiana los pondría justo donde él los quería.

La Batalla

Los mapas de los italianos eran viejos y no muy precisos, y sus tropas no estaban tan bien equipadas (tenían rifles nuevos, pero usaban versiones más antiguas con el objetivo de acabar los cartuchos y no perderlos). En la noche del 29 de febrero de 1895 las tropas italianas se dividieron en 3 columnas y comenzaron la marcha, pero terminaron alejándose varios kilómetros unas de otras debido a que los mapas eran menos precisos de lo pensado. Esto se probaría fatal.

La columna de Matteo Albertone viró en algún momento de la noche para reunirse con el resto del ejército y, sin saberlo, comenzó a acercarse a la posición de Ras Alula, uno de los comandantes del ejército etíope.

Alula de inmediato envió emisarios al Emperador para informarle que los italianos habían marchado. El efecto sorpresa se había roto y los etíopes tuvieron tiempo de colocar sus cañones y hombres en las zonas altas que rodeaban el paso al que se dirigía Albertone. Allí no tuvieron que hacer más que esperar a las desprevenidas tropas italianas.

Teniente Coronel Davide Menini dando órdenes a sus hombres

A las 6 de la mañana comenzó la batalla. Albertone pronto vio su posición asolada por el fuego etíope, incluyendo varios cañones que parecen haber sido donados por los rusos (quienes siempre tuvieron simpatías por el emperador africano). Como nota al margen, existen indicios de que junto a los etíopes marcharon tropas rusas voluntarias, pero esto jamás se ha demostrado.

Sus tropas, Askaris provenientes de Eritrea, estaban en gran desventaja numérica y pese a su valor y eficacia pronto comenzaron a perder terreno. El ejército se desbandó cuando su comandante, Albertone, cayó prisionero de los etíopes, pero para entonces los supervivientes pudieron encontrarse con las tropas de Giuseppe Arimondi, quien acababa de llegar a apoyar la columna de Albertone. Una súbita carga hizo retroceder a los Etíopes: parecía que Italia aún tenía chances de ganar.

La ilusión no duró mucho. Arimondi estaba en una mejor posición que Albertone, tenía más hombres y mejor conocimiento del terreno, pero seguía en desventaja numérica. Pudo resistir con cierta facilidad la carga de las tropas menos entrenadas de Menelik, pero este vio la oportunidad y lanzó sus Shewas a la posición de Arimondi, obligándolo a retirarse rápidamente.

La última columna italiana, dirigida por Vittoro Dabormida, nunca pudo ayudar a sus compañeros. Al marchar en la ayuda de Albertone se encontró con fuertes posiciones etíopes y tuvo que comenzar una lenta retirada en busca de una posición más defendible. Al hacerlo, sin embargo, terminó sin saberlo en un angosto valle donde sus tropas fueron aniquiladas.

Consecuencias

La batalla terminó en menos de 6 horas con una decisiva victoria etíope. En total, Italia perdió casi 11.000 hombres, contando poco menos de 6.500 muertos, 1.500 heridos y 3.000 prisioneros. Menelik II tomó la sabia decisión de evitar una campaña para expulsar a los italianos de Eritrea y Somalia, sino que aprovechó su ventaja para forzar los acuerdos según las percepciones etíopes y al hacerlo evitó una campaña italiana posterior que podría haber resultado victoriosa.

En Italia la derrota de Adwa precipitó una crisis sin precedentes. En Etiopía, sirvió para recordarle a los africanos que podían defenderse. Y en Europa, para recordarles que el continente no estaba completamente sometido… aún.

Parte 1

Imágenes: 1: blackpast.org, 2: thoughtco.com

Adwa: el día que África que derrotó a Europa, parte 2
12 julio, 2017
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