26 de septiembre de 1983: Stanislav Petrov y el día en que todo casi termina

Apocalipsis, Historia, Personas sorprendentes

La Guerra Fría

La segunda mitad del siglo XX estuvo mediada por el constante conflicto entre los gobiernos de los Estados Unidos y de la Unión Soviética, que tuvieron varios “altibajos”, por llamarlo de alguna manera, en su relación. Siendo ambas superpotencias líderes de un bloque importante de países y, ante todo, con acceso a armas nucleares, cualquier confrontación directa podría llevar al Armagedón.

Hacia 1980 la situación, de nuevo, se volvía tensa. Tras una década de cierta cooperación, de nuevo el mundo recordaba el miedo al que había estado sometido tras la crisis de los misiles en Cuba, la cual, como sabemos, nos llevó al borde de la Guerra Nuclear.

El 31 de agosto de 1983 la URSS abatió un avión comercial de Korean Airlines que se encontraba volando sobre territorio soviético restringido. Esto generó un tremendo debate sobre la manera de actuar de la URSS y polarizó aún más la situación. En aquel mismo periodo, la KGB dijo a sus agentes en occidente que comenzaran a prepararse para una Guerra Nuclear. Parecía que todo estaba perdido: una mínima provocación habría bastado.

El 26 de septiembre de 1983 dicha provocación llegó. En un radar informado por el sistema de satélites OKO apareció un misil que habría sido lanzado desde Montana, en Estados Unidos, y en 20 minutos alcanzaría la Unión Soviética.

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Sin embargo, Stanislav Petrov, el soldado que se encontraba a cargo del radar en cuestión tomó la decisión de no informar a sus superiores.

Su decisión se vio cuestionada minutos más tarde cuando el mismo sistema mostró ya no uno, sino 5 misiles dirigiéndose a la URSS. El hombre, sin embargo, permaneció impasible.

Pese a tener un duro entrenamiento militar, Petrov estaba acostumbrado a la vida civil y había trabajado largo tiempo fuera de los cuarteles. Conocía bien el sistema y sabía que había mucho en riesgo, pero también las potenciales consecuencias de una decisión así.

Y ante todo, Petrov conocía a sus superiores. Con apenas unos minutos para decidir, ellos optarían por responder de inmediato a las provocaciones de los Estados Unidos. Aunque Petrov, por sí mismo, no podía lanzar ningún misil, la información que poseía lo convertía en el práctico guardián del Botón Rojo.

El héroe del mundo

Stanislav Petrol conocía el sistema de alerta temprana de la Unión Soviética y, en sus propias palabras, “no lo consideraba de fiar”. También había oído hablar de las impresionantes armas nucleares de Estados Unidos, y no tenía razones para creer que en caso de un ataque no intentarían dejar a su enemigo fuera de combate de un solo golpe.

El destino probó que tenía razón. Las alertas del sistema OKO no habían sido causadas por misiles, sino por una particular conjunción astronómica entre la tierra, el sol y el satélite y algunas nubes que habían causado un error en los datos.

Aunque inicialmente alabado, Petrov no recibió nunca una condecoración oficial de la URSS porque hacerlo habría implicado castigar a quienes organizaron aquel sistema de alerta temprana, quienes por cierto eran los mismos que eventualmente lo habrían condecorado. El hombre sencillamente siguió con su vida, recibió un nuevo cargo y se jubiló de manera temprana.

No fue hasta que las memorias del General Yuri Votintsev se hicieron públicas, en 1990, que la hazaña de Petrov vino a conocerse. El general, que fue uno de los primeros en alabar las acciones de Petrov y parece haber apoyado una condecoración pública, fue también el primero en revelar al mundo lo que había sucedido aquella madrugada.

En la actualidad la fama de Petrov se ha ido incrementando poco a poco y en 2004 recibió un premio de la Asociación de Ciudadanos Mundiales por haber evitado una catástrofe. Su esposa, que no sabía nada de lo sucedido, le preguntó entonces “¿pero qué hiciste?” Su respuesta fue “no hice nada”.

Cuando le preguntaron por qué no había alertado a sus superiores, el hombre sencillamente dijo:

“Nadie empieza una guerra nuclear con solo 5 misiles”.

Así que ya saben. Si le debemos a alguien el haber evitado la catástrofe, es a Stanislav Petrov

Fuente de imágenes: 1: resources0.news.com.au, 2: edgecast.tech.buscafs.com, 3: gazzettadelapocalipsis.files.wordpress.com

26 de septiembre de 1983: Stanislav Petrov y el día en que todo casi termina

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Bibliografía

El pensante (20 Noviembre, 2015). 26 de septiembre de 1983: Stanislav Petrov y el día en que todo casi termina. Bogotá: E-Cultura Group. Recuperado de https://www.elpensante.com/26-de-septiembre-de-1983-stanislav-petrov-y-el-dia-en-que-todo-casi-termina/